La sorpresa y la preocupación se han instalado en el Ejército de Tierra tras las recientes decisiones de la ministra de Defensa, Margarita Robles, que ha optado por no respetar ni la antigüedad ni el escalafón tradicional en los nombramientos de la cúpula militar. Se trata de un proceder sin precedentes. Según publica ABC, estas decisiones generarán un escenario complejo para el próximo gobierno, que tendrá que asumir a estos altos mandos designados siguiendo criterios totalmente subjetivos por el Ejecutivo de Pedro Sánchez y por la Ministra de Defensa.
Las mismas fuentes militares insisten en que el debate se centra en la manera en que se han producido estos nombramientos, rompiendo con la práctica habitual. El proceso de ascenso en las Fuerzas Armadas está estrictamente reglamentado, aunque a partir del empleo de general, el Gobierno puede escoger libremente entre los militares que cumplan los requisitos establecidos para ocupar altos cargos. Este margen legal es el que ha aprovechado la ministra Robles para promover a determinados oficiales de forma anticipada.
Y es que cuando un militar se clasifica para ascender a coronel, se reorganiza el escalafón según los méritos acumulados por cada miembro de la promoción. A partir de esa reorganización se selecciona a quienes serán ascendidos a generales. Este proceso se realiza en el Consejo Superior del Ejército, órgano consultivo presidido por la ministra de Defensa y compuesto por el Jefe de Estado Mayor del Ejército (JEME) y los tenientes generales en activo, además de vocales natos y accidentales.
En la promoción de Don Felipe, los primeros en ascender fueron los generales Guillermo Ramírez Altozano, Luis Cortés, Eduardo Diz Monje, Enrique Campo y Enrique Silvela, según refiere ABC. Lo habitual es que los ascensos se produjeran conforme los anteriores miembros de la promoción culminaban sus nombramientos, siguiendo la propuesta del JEME, en aquel momento Amador Enseñat.
Sin embargo, la llegada de Margarita Robles alteró este sistema por una razón. Según fuentes consultadas por LA GACETA, ahora los generales se clasifican en «margaritos» (los ascendidos por sus filias) y los no margaritos (los que ascienden por mérito y capacidad), que últimamente son los menos. Por tanto, —añaden las mismas fuentes—, siendo cierto que el ascenso a teniente general, es facultad del Gobierno, parece que con el ejecutivo socialista, se quedan sin ascender varios de los que tienen los primeros números en el curso de generales, y se asciende a gente que son más cercanos a la ministra.
La primera medida significativa de la Ministra fue el ascenso a teniente general de Javier Marcos, pese a que aún había dos generales de División de la promoción anterior que no habían alcanzado ese empleo: Luis Saez Rocandio y Raimundo Rodríguez Roca. Esto convirtió a Marcos en el teniente general más antiguo, incluso por encima de quienes le precedían en la promoción.
Volviendo al caso de Javier Marcos, éste fue designado jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME) como general de División, cuando ya existía otro general de División más antiguo en esa unidad. Para resolver la situación, se le ascendió de inmediato a teniente general, a pesar de no estar entre los cinco primeros de su promoción. Fuentes militares que cita ABC explican que mientras el JEME proponía a Saez Rocandio para dirigir la UME, Robles impuso su criterio, nombrando a Marcos incluso antes de formalizar su ascenso. Esta decisión dejó fuera a uno de los cinco oficiales originalmente previstos para llegar a teniente general.
Posteriormente, la ministra ascendió a Ramón Armada a teniente general, enviándolo a liderar la misión de la OTAN en Irak, aunque tampoco estaba entre los cinco primeros de su promoción. Armada es cercano al teniente general Julio Salom, de quien depende, y su designación también refleja la estrategia de Robles de colocar a oficiales de su confianza en puestos estratégicos.
En la culminación de la 44 promoción, la decisión más reciente afectó al general de División Joaquín Broch, jefe de la Inspección General del Ejército, encargado de organizar los desfiles del 12 de Octubre. Broch ascendió sin estar entre los cinco primeros de su promoción, desplazando a un compañero que sí figuraba en la lista original. Además, Enrique Campo, destinado en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), también ascendió siguiendo criterios de «confianza ministerial».
Otro caso singular es el de Javier Romero Losada, de la 41 promoción, quien fue promovido a teniente general justo antes de su pase a la reserva para mantenerlo al frente del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Cifas). Esta decisión redujo un ascenso para la 42 promoción, evidenciando la presión sobre el escalafón tradicional.
En definitiva, el diagnóstico dentro del Ejército es que Robles está posicionando a oficiales de confianza, incluso si no estaban destinados a alcanzar el rango de teniente general, dejando de lado la antigüedad. Muchos de estos militares permanecerán en activo hasta 2029 o 2030, complicando la capacidad del próximo gobierno para colocar a profesionales de su elección en la cúpula.
Finalmente, destaca la situación del Jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad), almirante general Teodoro Esteban González Calderón, que ya superó la edad de retiro. Fuentes militares señalan que Robles podría relevarlo antes de las elecciones, asegurándose de que el Jemad trabaje con el nuevo gobierno y sea de confianza del actual Ejecutivo y no del siguiente.