Una investigación de LA GACETA documenta que, entre el 30 de julio y el 2 de agosto, coincidiendo con el asalto masivo a la frontera de Ceuta, la Real Fuerza Aérea marroquí ejecutó un puente aéreo militar hacia los aeropuertos de Tetuán-Sania Ramel y Nador. Al menos seis indicativos distintos de transporte militar realizaron rotaciones cortas y repetidas desde bases del interior —Kenitra, Khouribga, Rabat y Errachidia— hasta estos dos aeropuertos situados a pocos kilómetros de las ciudades autónomas.
El patrón no fue un desplazamiento puntual. Las aeronaves, principalmente C-130 Hércules, KC-130H y CN-235, operaron de forma continuada durante las 24 horas, con aterrizajes nocturnos registrados en Sania Ramel entre la medianoche y las primeras horas de la mañana del 31 de julio. Tetuán se encuentra a unos 40 kilómetros de Ceuta; Nador, frente al perímetro de Melilla. El resultado material del despliegue es que, en el momento inmediatamente posterior a la presión migratoria, Marruecos disponía de medios y capacidad de reacción concentrados a poca distancia de ambas ciudades autónomas.
Según información publicada a partir de fuentes cercanas a los servicios de inteligencia, el CNI y la inteligencia militar española habían advertido con unos dos meses de antelación de que se gestaba una situación de presión sobre Ceuta. Ese conocimiento se situaba también en el CIFAS y en el CENIF. Hasta el 15 de julio ya habían entrado de forma ilegal por tierra en Ceuta 2.826 inmigrantes ilegales, casi un 150% más que en el mismo periodo de 2025. En mayo de 2021 el propio CNI había concluido que Marruecos había desarrollado una estrategia «perfectamente planificada y dirigida desde las más altas instancias del poder».
El puente aéreo militar deja de leerse, por tanto, como una reacción improvisada. La interpretación coherente es que formaba parte del componente logístico de un dispositivo preparado; mover en pocas horas personal y material a los dos puntos del norte desde los que se sostiene la presión sobre Ceuta y Melilla. Ese dispositivo genera capacidad de respuesta en dos direcciones: hacia el interior, para gestionar o contener un posible retorno masivo, y hacia el exterior, como respaldo ante cualquier movimiento español que Rabat pudiera considerar hostil.
Lo que estos vuelos documentan es la maduración de un instrumento híbrido que combina presión migratoria dirigida con un respaldo militar desplegado a pie de frontera. El despliegue se produce además sobre un fondo de rearme marroquí sostenido. Un presupuesto de defensa que en 2025 rondó el 10% del PIB, la incorporación de sistemas de defensa aérea y artillería de origen israelí, drones de fabricación crecientemente nacional y una hoja de ruta de cooperación en defensa con Estados Unidos firmada en abril de este año para el periodo 2026-2036. España conserva superioridad militar, pero la brecha se estrecha en el mismo periodo en que Rabat demuestra disposición a emplear la palanca migratoria contra territorio español.
El seguimiento no permite conocer la carga transportada ni dispone de explicación oficial marroquí sobre el propósito de las rotaciones. Rabat no ha ofrecido ninguna. La relación entre el puente aéreo y la crisis de Ceuta es una coincidencia temporal y geográfica documentada sobre la que se ofrece una interpretación razonada. Lo que sí queda claro es que Marruecos no se limitó a la presión migratoria y mientras se producía el asalto a las ciudades autónomas, reforzó su presencia militar en los puntos más cercanos a Ceuta y Melilla, preparándose tanto para sostener la acción como para responder ante cualquier reacción española. Eso sitúa la crisis en el marco de una acción coordinada con un componente de orden militar detrás.