Marruecos toma ventaja en la carrera de los drones militares mientras España no producirá su primer modelo equivalente hasta 2027
Marruecos toma ventaja en la carrera de los drones militares mientras España no producirá su primer modelo equivalente hasta 2027
SpyX (captura vídeo BlueBird)
Por LGI
2 de junio de 2026

Marruecos ha dado un nuevo paso en su estrategia de fortalecimiento militar con la fabricación en su propio territorio de drones de ataque, una capacidad que España no tendrá plenamente desarrollada hasta, al menos, 2027. La puesta en marcha de una planta de producción de munición merodeadora en Benslimane, a unos 35 kilómetros de Casablanca, consolida la apuesta de Rabat por construir una industria de defensa nacional capaz de reducir su dependencia exterior y aumentar su autonomía estratégica.

La instalación pertenece a BlueBird Aero Systems, filial de Israel Aerospace Industries (IAI), y produce el dron SpyX, un sistema de ataque con un alcance de 50 kilómetros y una carga explosiva de 2,5 kilos. El Ejército marroquí ya probó este modelo en 2024 y ahora lo fabrica en suelo nacional tras un acuerdo que incluye transferencia tecnológica y formación de ingenieros marroquíes en Israel.

La iniciativa forma parte de una estrategia mucho más amplia. Marruecos ha conseguido atraer a varias compañías internacionales del sector de defensa. La empresa turca Baykar, fabricante de los conocidos Bayraktar TB2, ha establecido una filial en el país y prepara una nueva planta industrial. A ello se suma la apertura de una factoría de blindados por parte del grupo indio Tata. Todo ello se produce en un contexto de fuerte incremento del gasto militar marroquí, que alcanza este año cerca de 14.500 millones de euros, un 18% más que en 2025.

La relevancia del SpyX no reside únicamente en su fabricación local. Se trata de un sistema difícil de detectar gracias a su motor eléctrico, capaz de permanecer hasta hora y media en vuelo y alcanzar velocidades de hasta 250 kilómetros por hora. Aunque su alcance no permite operar desde Casablanca contra Ceuta o Melilla, sí podría hacerlo desde instalaciones situadas en el norte del país. Para los analistas militares, la preocupación no se centra únicamente en la fábrica, sino en la posible proliferación de plataformas de lanzamiento próximas a las ciudades españolas del norte de África.

España también ha comenzado a reforzar sus capacidades en este ámbito. Indra y la compañía emiratí EDGE acordaron a principios de año la construcción de una planta de producción de munición merodeadora en Villadangos del Páramo (León), con una inversión cercana a los 20 millones de euros. Sin embargo, la fabricación en serie no arrancará hasta 2027.

A ello se suman otros programas nacionales como el dron de vigilancia SIRTAP, desarrollado por Airbus, o la munición merodeadora Q-Slam de Arquimea, ya utilizada por la Infantería de Marina. En paralelo, el sistema antidrones ARACNE, desarrollado por Indra y Escribano, comenzará a desplegarse en Ceuta, Melilla, Canarias y Cartagena para reforzar la protección frente a este tipo de amenazas.

Sin embargo, las diferencias se mantienen en los programas de mayor tamaño. El Eurodrone europeo, en el que España participa con una inversión cercana a los 1.900 millones de euros, no estará operativo antes de 2029 y acumula retrasos y sobrecostes. Mientras tanto, Marruecos lleva años operando drones de gran tamaño adquiridos a Turquía para sus operaciones en el Sáhara.

A esta situación se añade otro elemento de fondo. El Gobierno de Pedro Sánchez mantiene restricciones sobre determinados programas vinculados a tecnología militar israelí, mientras que Marruecos ha convertido precisamente esa tecnología en uno de los pilares de su proceso de modernización militar.

La evolución de esta carrera tecnológica no pasa desapercibida para la opinión pública. Según un barómetro del Real Instituto Elcano citado en la información, el 55% de los españoles que identifican amenazas para la seguridad nacional sitúan a Marruecos en primer lugar, por delante incluso de Rusia.

La cuestión ya no es si España está desarrollando capacidades propias en el ámbito de los drones militares, sino si podrá hacerlo al mismo ritmo que un vecino que ha convertido la industria de defensa en una prioridad estratégica. Mientras los proyectos españoles avanzan entre plazos industriales y programas europeos, las primeras unidades fabricadas en Marruecos ya están saliendo de las cadenas de producción de Benslimane

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