
Más de 400 inmigrantes ilegales subsaharianos han aprovechado el caos en El Tarajal para entrar en Ceuta por el vallado fronterizo. La mayoría ha materializado el asalto en la noche de este sábado.
Además, medio millar de inmigrantes ilegales de origen subsahariano continúan en la zona de Beliones, según información transmitida a LA GACETA por servicios de información de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE).
Las mismas fuentes confirman la existencia de otra bolsa considerable de inmigrantes de origen sudanés y chadiano en las cercanías del monte Musa. Entre ambos grupos, las autoridades consultadas estiman que la masa total podría aproximarse a los 1.000 inmigrantes ilegales. Si consiguieran acceder a territorio ceutí, advierten, se animarían desplazamientos desde otros asentamientos localizados en el norte de Marruecos.
LA GACETA ha podido constatar a través de publicaciones recientes que esta concentración se encuentra asentada a unos 10 kilómetros del vallado fronterizo. Se trata de un área montañosa y abrupta que dificulta su localización. Los inmigrantes se sirven precisamente de esa orografía para eludir posibles controles de las autoridades marroquíes. Los agentes consultados aseguran que cualquier intento de control voluntario de ese grupo en las condiciones actuales podría provocar un fuerte desplazamiento hacia el vallado y motivar el asalto fronterizo simultáneo de cientos de inmigrantes de origen subsahariano.
La presencia de nacionales sudaneses no es nueva en Ceuta. Sólo en el mes de junio más de un centenar de sudaneses se encontraban ya en las instalaciones del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). El volumen de esta nacionalidad ha llegado a duplicar e incluso triplicar esa cifra en momentos de mayor presión. La situación en los alrededores de la ciudad autónoma está lejos de resolverse. En los últimos meses se ha ido acumulando una gran masa de población subsahariana en diferentes áreas montañosas del entorno de Ceuta.
Fuentes de las Fuerzas Armadas consultadas por este medio son conocedoras de estas concentraciones y temen que pueda detonarse un aluvión contra el vallado fronterizo en los próximos días. Ese riesgo se ve animado por los recientes acontecimientos registrados en la propia ciudad autónoma y por el temor a posibles batidas de las autoridades marroquíes en la zona. Un movimiento de estas características podría generar una presión simultánea difícil de contener con los medios actualmente desplegados.
Beliones y el entorno del monte Musa forman parte de un corredor montañoso históricamente utilizado por redes de tráfico de personas para aproximarse a la frontera ceutí sin ser detectados con facilidad. La dificultad del terreno permite a los grupos permanecer ocultos durante días o semanas, esperar el momento oportuno y lanzarse de forma coordinada. Las fuentes policiales subrayan que el volumen actual —cercano al millar de personas entre las dos bolsas principales— supera con creces las capacidades ordinarias de contención si se produce un desplazamiento masivo y simultáneo hacia el perímetro fronterizo.
Los agentes advierten de que el riesgo no es sólo numérico. La composición de los grupos, con una presencia significativa de nacionales de Sudán y Chad, añade complejidad al eventual proceso de identificación y gestión. En meses anteriores el CETI de Ceuta ya registró picos de ocupación de estas nacionalidades que tensionaron los recursos de acogida y de seguridad. Una nueva entrada masiva desde los asentamientos de Beliones y monte Musa podría reproducir o agravar ese escenario en un momento en el que la ciudad autónoma todavía gestiona las consecuencias de las llegadas recientes.
Las Fuerzas Armadas desplegadas en la zona siguen de cerca la evolución de dichos grupos. Según las fuentes consultadas, existe preocupación por la posibilidad de que una operación de control por parte de las autoridades marroquíes, o incluso el simple rumor de que se va a producir, actúe como detonante. En ese caso, cientos de subsaharianos podrían desplazarse de forma simultánea hacia el vallado, buscando cruzar antes de ser interceptadas. La experiencia de episodios anteriores demuestra que este tipo de movimientos, una vez iniciados, resultan muy difíciles de detener en terreno montañoso y con visibilidad limitada.
La proximidad de los asentamientos —apenas 10 kilómetros— reduce el tiempo de reacción disponible. Desde las posiciones actuales hasta el perímetro fronterizo el desplazamiento puede realizarse en pocas horas, especialmente si se produce de noche o aprovechando condiciones meteorológicas adversas. Las fuentes de las FCSE insisten en que cualquier intento de disuasión o control prematuro debe calibrarse con extremo cuidado para no generar precisamente el efecto contrario: el asalto masivo que se pretende evitar.