Según documentación del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones a la que ha tenido acceso LA GACETA, el CETI de Ceuta aloja ya a un total de 965 inmigrantes ilegales. El centro, que está diseñado para 512 plazas de capacidad máxima declarada opera, por tanto, al 188,5% de su capacidad, con 453 inmigrantes ilegales de más en su interior. En veinticuatro días el censo ha crecido un 32,7%, desde los 727 del 1 de agosto, a un ritmo de casi diez altas netas diarias. La cifra se sitúa ya a las puertas de las 1.000 plazas que curiosamente el Gobierno presupuestó en abril como escenario de ampliación.
El dato más incómodo no es solo el hacinamiento; en su interior permanecen un total de 531 marroquíes, el 55,03% del total. El discurso oficial ha sostenido durante meses que ese perfil no tendría acceso a la protección internacional y que el CETI no es una vía de asilo para nacionales de Marruecos. En la práctica, el dispositivo los ha alojado de forma sostenida y las solicitudes se han admitido a trámite de facto a lo largo del año.
Por otro lado, mientras el Gobierno habla constantemente de mujeres y niños, el 93,06% de los internos son varones adultos: 898 hombres frente a 63 mujeres y solo cuatro menas. Fuentes consultadas por este medio sitúan el grueso de ese contingente en la franja de 18 a 25 años. No es un dispositivo de familias, es un recinto de hombres jóvenes, sin vínculo familiar inscrito en 959 de los 965 casos.
El censo reúne hasta 26 nacionalidades. Marruecos encabeza. Sudán irrumpe como segunda con 188 residentes, el 19,48%. Detrás aparecen Argelia (63), Senegal (55) y Chad (41). Entre las cinco primeras concentran el 91% del centro. Hay también 14 yemeníes, 3 palestinos, 6 eritreos y 4 afganos. Casi una cuarta parte del recinto corresponde a orígenes de conflicto o de alto reconocimiento de asilo, perfiles cuyo retorno, en la práctica, no se materializa. La Delegación del Gobierno cifró el pasado 23 de agosto la capacidad «ampliada» en 650 plazas. Dos días después, el propio Ministerio contabilizaba 965 residentes. La diferencia es de 315 individuos.
Por su parte, fuentes consultadas por LA GACETA aseguran que ese clima de sobreocupación provoca conflictos constantes en el interior y que recientemente se han llegado a dar situaciones de amotinamiento. Un centro al 188% de su diseño, con 26 nacionalidades y una mayoría de varones adultos, no es un albergue estable, es una olla a presión, constatan a este medio. Fuera quedan, además, los asentamientos del perímetro, cifrados durante agosto en torno al millar de personas que ni siquiera entran en este censo.
La coincidencia con el umbral presupuestado en abril no se puede tomar ante este escenario como un mero detalle contable. En abril, meses antes de la entrada masiva de finales de julio, el Gobierno ya dejó por escrito un escenario de hasta 1.000 internos. A 25 de agosto el censo oficial está a 35 plazas de esa cifra. La sobreocupación dejó de ser excepcional en febrero, cuando el propio Ministerio reconocía un exceso del 81%. Ahora la agrava y la acerca al techo que ya había previsto.
Marruecos sigue siendo el primer origen dentro del CETI. Sudán y el Sahel ocupan cada vez más camas que no se vacían por devolución. El 93% son hombres adultos. Las solicitudes de quienes, según el relato gubernamental, no debían permanecer se han colado de hecho en el dispositivo. El centro no se descongestiona. Se reconvierte, se llena y se sitúa donde el presupuesto de abril ya había apuntado.