
Mientras VOX continúa creciendo y se afianza como alternativa política en España, cada vez más voces del bipartidismo —políticos veteranos, barones autonómicos, periodistas— han comenzado a deslizar la necesidad de un pacto de gobierno entre el Partido Popular y el Partido Socialista. Una «gran coalición» al estilo alemán que, según sus defensores, sería la única forma de «preservar la estabilidad» y frenar a la fuerza soberanista liderada por Santiago Abascal.
El detonante es claro: VOX no ha desaparecido como algunos medios vaticinaban tras el 23-J. Lejos de desinflarse, mantiene un suelo electoral firme y crece, según el último CIS de julio, llegaría al 18,9 % de los votos, su mejor registro, con especial fuerza entre jóvenes de 18 a 34 años. Para el bipartidismo, acostumbrado a un duelo de alternancia cómoda, este dato suena a pesadilla: VOX no es un fenómeno efímero como UPyD o Ciudadanos, sino una fuerza con arraigo cultural, territorial e ideológico.
Ante esta evidencia, los dos grandes partidos han comenzado a tantear fórmulas de acercamiento. Lo hacen envueltos en el lenguaje de la «responsabilidad de Estado» y el «consenso institucional», pero con un objetivo evidente: evitar que VOX gobierne o condicione futuros gobiernos.
En julio, el expresidente Mariano Rajoy lanzó un mensaje inequívoco: «La solución está inventada, se llama gran coalición. Ya la propuse en 2015, y sería la vía más estable para recuperar el consenso institucional». Para Rajoy, PP y PSOE aún suman más de 250 escaños, suficientes para blindar la gobernabilidad sin depender de «enemigos del orden constitucional».
Desde el otro lado, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha insistido en que España necesita un giro al centro: «Llevamos mucho tiempo abriéndonos a populismos. Lo que hace falta es que PP y PSOE vuelvan a ser derecha moderada e izquierda moderada». Su mensaje, repetido en foros y actos institucionales, es recuperar la centralidad perdida mediante acuerdos transversales.
Incluso dirigentes autonómicos del PP como Juanma Moreno Bonilla, o Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, han coqueteado con la idea. Moreno habló de su «deseo» de que en el futuro haya pactos de Estado entre populares y socialistas, mientras que De la Torre fue más lejos al lamentar que tras el 23-J no hubiera «una aproximación, una reflexión» entre los dos grandes partidos para eludir la dependencia de separatistas o de VOX, como si fuesen similares.
Entre los socialistas históricos, el mensaje es aún más nítido. Felipe González reivindica desde hace años los pactos de centralidad y recuerda que «cuando desaparecen, el país se debilita, se polariza y pierde credibilidad». Su advertencia es que los españoles no castigan al que pacta, sino al que bloquea.
El debate no se limita a los despachos políticos. Desde 2023, varios columnistas y periodistas han hecho suyo el argumento. Antonio Caño, exdirector de El País, lo resumió sin rodeos en una entrevista con La Tercera: «La única vía posible para darle estabilidad política a España sería un pacto entre el PP y el PSOE», dijo en julio del 2023. En su visión, los votantes ya «castigaron» a Podemos y a VOX en las urnas, premiando a los partidos tradicionales, pero la fragmentación ha convertido a los separatistas en árbitros indeseados.
Editorialistas de La Razón y El Mundo han insistido en la misma idea: PP y PSOE juntos pueden gobernar sin depender de VOX, pero rehúyen esa opción por cálculo electoral: «Ah, por cierto, el pacto de Estado de PSOE y PP también le daría votos a VOX. Y sin embargo…», mencionaban en un artículo de El Mundo este fin de semana. La paradoja, apuntan, es que esa negativa acaba obligando a pactar precisamente con quienes generan mayor rechazo ciudadano.
El propio semanario británico The Economist se hizo eco antes de las elecciones de 2023: muchos votantes españoles, decía, anhelan un gobierno centrista y estable, aunque temen que la fragmentación entregue el poder a los «extremos».
Lo que se genera es un miedo compartido: que VOX, con su agenda de control de fronteras y oposición frontal al bipartidismo, siga marcando el compás de la política nacional.
De ahí que surjan propuestas para blindar el sistema bipartidista. A veces se visten de «pacto de Estado por la estabilidad», otras de «gran coalición al estilo Merkel», las grandes ideas de Rajoy. Pero todas tienen un denominador común: neutralizar el ascenso de VOX.