'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Gerard Piqué, español 'por imperativo profesional'

Gerard Piqué ha organizado uno de los actos de malabarismo semántico más retorcidos y escasamente creíbles de la historia del deporte español, en una rueda de prensa sobre su papel en la Selección Española tras su posicionamiento tan poco dudoso a favor de la causa independentista catalana.

«No es mi caso, pero un independentista puede jugar con España», ha dicho. No acabamos de captar bien qué parte de ‘Selección española’ no entiende, o si alguna vez se ha preguntado por qué Cristiano Ronaldo ‘prefiere’ competir en una selección algo menos poderosa -y generosa en emolumentos- que la española, por no hablar de Luka Modric.
En realidad, la declaración, pronunciada en medio de otras no mucho más coherentes, viene a significar que el titular del Barça quiere seguir jugando en la Selección Española, aunque desee fervorosamente la independencia de Cataluña.
La incoherencia de Piqué es una excelente metáfora de un movimiento secesionista que pretende gozar de todas las ventajas de la independencia sin perder ninguno de los beneficios de pertenecer a España, como en esa Ley de Transitoriedad en la que se permite -sin consultar con el Estado español, naturalmente- conservar la nacionalidad española junto con la catalana y otras formas de frivolidad jurídica.
El principio de la declaración -«no es mi caso»- suena especialmente poco verosímil, porque el jugador no ha sido especialmente discreto con sus preferencias secesionistas, y recuerda casi a quienes juran la Constitución «por imperativo legal».

Enfrentamientos en el vestuario

Si sus equívocos verbales pueden mantenerle en el equipo de un país al que quiere dejar de pertenecer -pero quedándose: un lío-, no es probable que la moral en el vestuario ante su posicionamiento sea todo lo alta que sería deseable.
Es cierto que en la misma comparecencia ha afirmado que «el míster y los compañeros han decidido que esté aquí», y es probable lo primero y posible lo segundo, pero no para todos. Aunque se impone la obvia necesidad de cerrar filas de cara a la galería, se habla de agrios enfrentamientos verbales con Piqué de, entre otros, Sergio Ramos y Nacho Fernández, que habrían pedido al titular del Barça explicaciones de su incoherencia.
La noticia, además, llama la atención sobre un aspecto de la hipotética independencia que, si menor comparado con lo que supondría romper una unidad de cinco siglos, preocupa a no pocos -la continuidad del Barça en la Liga- y que los culés independentistas quieren negociar como tantas otras cosas: españoles para jugar ‘el clásico’, catalanes para todo lo demás.
Cuando esto del independentismo era solo una muy minoritaria de la entonces muy minoritaria Esquerra Republicana de Catalunya, su líder de entonces, Angel Colom, preguntado por estos detalles vino a reconocer que la Liga, como el Gordo de Navidad, convendría conservarlos mediante negociación ‘ad hoc’.
Pero lo cierto es que ningún equipo extranjero puede jugar en la liga española, esas son las reglas, y el Barçá, obligado a enfrentarse cada temporada al Espanyol, el Girona o el Gimnàstic, pasaría en horas 24 de ser uno de los mejores equipos del mundo a convertirse en marginal. Ninguna estrella balompédica permanecería un minuto más de lo imprescindible en semejante liga, con todos mis respetos para los equipos aludidos.
Recientemente, los aficionados descargaron sus iras contra Neymar por dejar el club para unirse al Paris-Saint Germain en una operación que calificaron de «deserción» y «traición». Se pudieron leer en redes sociales comentarios surrealistas en los que los culés pedían al seleccionador que solo ficharan jugadores que vinieran por amor a los colores y no por dinero, lo que parece indicar el grado de lejanía con la realidad que afecta también a muchos independentistas.
Desgraciadamente, en España todo es posible, incluso que se admita la humillación de dejar a un Barça ‘extranjero’ jugar en nuestra liga nacional. Después de todo, el Gobierno parece dispuesto a transigir en cuestiones de bastante mayor calado.
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