«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
los gobiernos que han convertido las mezquitas en interlocutores oficiales

Torre Pacheco: el fracaso del modelo «multicultural» que el Estado subvenciona y que se niega a integrarse

Disturbios en Torre Pacheco. Redes sociales

Los disturbios en Torre Pacheco han puesto sobre la mesa una realidad que durante años muchos han preferido negar: la importación del modelo francés de guetos y multiculturalismo está alimentando un problema de convivencia cada vez más difícil de contener. Jóvenes magrebíes recorrieron las calles armados con palos y bengalas para enfrentarse a españoles que, tras un crimen cometido por inmigrantes ilegales, acudieron para defender la seguridad de sus barrios.

Las imágenes han recordado, en menor escala, las revueltas de París en 2023: jóvenes nacidos en Europa pero criados al margen de la sociedad que los acoge, atrapados en una identidad islámica que les han inculcado sus propios imames. Torre Pacheco, con un tercio de población extranjera y un 50% de marroquíes entre ellos, es hoy un pueblo partido en dos: “españoles” por un lado y “moros” por otro.

No es casualidad que la tensión estallara precisamente allí. El multiculturalismo impuesto desde hace dos décadas por los gobiernos de turno, con financiación pública a las mezquitas a través de la Fundación Pluralismo y Convivencia, ha convertido estos barrios en comunidades cerradas, dirigidas de facto por imames.

En Torre Pacheco hay un problema latente de desarraigo y segregación. Los vecinos de siempre denuncian robos y peleas. Los jóvenes magrebíes denuncian discriminación, dificultad para alquilar un piso y la sensación de no ser parte de España. Pero no buscan integrarse: muchos han adoptado el islam salafista predicado por las mezquitas, financiadas a su vez por Arabia Saudí, Qatar y Kuwait.

El resultado está a la vista: mujeres cubiertas con velo —un fenómeno desconocido en muchos pueblos marroquíes hace apenas 30 años—, adolescentes incapaces de mezclarse con la sociedad que les da trabajo y servicios, barrios convertidos en guetos donde las reglas son otras. Las estadísticas pueden ser hoy tranquilizadoras, pero la espiral ya está en marcha: segregación, identidad religiosa como refugio, más rechazo por parte de los españoles y más victimismo y radicalización por parte de los inmigrantes.

La responsabilidad es de los gobiernos que han convertido las mezquitas en interlocutores oficiales, de la izquierda que llama “islamófoba” a cualquier crítica, de las ONG y académicos que promocionan el velo como símbolo de diversidad, y de quienes han decidido que España debe dividirse entre comunidades separadas.

Torre Pacheco es solo un aviso. Si los poderes públicos siguen financiando la segregación y alimentando el gueto con políticas buenistas, llegará el día en que los barrios ardan como ya lo hicieron en París. Entonces será tarde para decir que no se vio venir.

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