«La mejor forma de eliminar el odio es contar las cosas como son, con datos». Así defendía la ministra Pilar Alegría, el pasado lunes, las cifras oficiales tras los disturbios en Torre Pacheco. La portavoz del Gobierno insistió en que «el 73% de los delitos en España fueron cometidos por españoles» frente a un 27% atribuido a extranjeros, pero omitió un matiz esencial: el tamaño de la población extranjera residente en nuestro país.
Hoy son ya 9,5 millones de extranjeros en España —según el último dato del INE, un 13% de la población— tras un aumento de 2,5 millones en los últimos cinco años. Y en proporción, los datos oficiales confirman lo que la ministra no quiso explicar: la tasa de condenas por cada 1.000 habitantes mayores de edad es 2,5 veces más alta entre los extranjeros (14,6) que entre los españoles (5,8), según el propio Instituto Nacional de Estadística.
Pese a que el Gobierno presume de que la criminalidad global ha bajado un 2,7% desde 2017, el dato se explica por el descenso de pequeños hurtos y robos con fuerza. En cambio, los delitos graves y violentos no han parado de crecer en estos años.
Los homicidios consumados han aumentado un 13,4% (de 307 a 348 al año), las tentativas de asesinato se han disparado un 68% (de 799 a 1.343), las lesiones graves y riñas tumultuarias han crecido un 62,8%, los secuestros un 52% y el tráfico de drogas un 66%. Especialmente preocupante es el aumento de los delitos sexuales: un 81% más en total, y las agresiones sexuales con penetración se han multiplicado casi por tres, con un alarmante crecimiento del 275%.
En el caso de los secuestros, el 60% de los detenidos este año eran de nacionalidad extranjera.
Los datos sobre violencia contra la mujer también muestran un patrón creciente. En lo que va de 2025, el 53% de las mujeres asesinadas lo han sido a manos de extranjeros, lo que en proporción cuadruplica la tasa de los asesinatos cometidos por españoles. En 2023 los agresores extranjeros ya fueron responsables del 44,8% de los feminicidios, casi el doble que en 2021.
Las estadísticas son especialmente llamativas en la capital catalana. Según un informe oficial de la Generalidad, el 91% de los hurtos y el 83,5% de los robos con violencia cometidos en Barcelona durante 2024 fueron perpetrados por extranjeros. De 5.442 detenidos por hurtos, 4.942 eran de origen extranjero. Y de 4.304 arrestados por robos violentos, 3.595 no eran españoles.
El patrón se repite en agresiones sexuales (73% de los detenidos), tráfico de drogas (74%) y homicidios y asesinatos (59%).
En paralelo, el número de presos extranjeros ha vuelto a crecer desde 2020, después de varios años de descenso. Hoy representan el 32,7% del total de internos en las cárceles españolas: 19.939 sobre un total de 60.938. Son unos 3.500 más que al inicio del mandato de Pedro Sánchez.
Los datos oficiales, los mismos que la ministra invoca para “disolver el odio”, evidencian en realidad un problema al que el Gobierno da la espalda: una delincuencia creciente, más grave y con una sobrerrepresentación de extranjeros en las estadísticas. La realidad desmonta, una vez más, el relato.