«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
la activista hace un tour de entrevistas en medios

«Torturados VIP», un «Gran Hermano en cada barco» y una Greta «asperger, pero lúcida»: el relato de ‘Barbie Gaza’ sobre la flotilla proHamás

Ana Alcalde a bordo de la flotilla.

El relato de Ana Alcalde, entre la épica de la causa y el espectáculo de las redes, se ha convertido en una de las historias más extravagantes del activismo pro-Hamás.

Hace apenas unas semanas, Alcalde era una influencer con más de un millón de seguidores, dedicada a difundir consignas antiisraelíes en TikTok. Hoy es la autoproclamada «Barbie Gaza«, símbolo de una flotilla de agitadores que intentó forzar la entrada en aguas controladas por Israel con el beneplácito y la compañía de figuras como Greta Thunberg o Ada Colau.

En una entrevista concedida a El Mundo, Alcalde asegura que ella y los miembros de la flotilla fueron «torturados», aunque matiza que fueron «torturados vip». La definición, salida de su propia boca, resume bien el carácter mediático del viaje: una mezcla de postureo ideológico, victimismo calculado y romanticismo revolucionario.

«Nos ponían vídeos del 7 de octubre, nos impedían dormir, nos daban comida caducada», relata, mientras admite que fueron «privilegiados» en comparación con los palestinos: «A los hombres les pegaron, a nosotras no».

La llamada «Flotilla por Gaza» zarpó con la intención de «romper el bloqueo israelí» y fue interceptada en aguas internacionales, según los participantes. A bordo viajaban independentistas de la CUP, activistas internacionales y militantes propalestinos, entre ellos la propia Greta Thunberg.

Ana-Hanan narra que compartió «jaula» con la joven sueca durante su detención. «A Greta sí la traté, pero ella es verdad que no se socializa con nadie, es muy clara», explica. «Es asperger, y como con un tema de relaciones sociales… Pero la tía cuando habla es muy lúcida, y es para soltar un lema, pum. Ella a lo mejor estamos en la jaula y no habla con nadie, y de pronto dice: ‘Estamos 57 personas en 23 metros cuadrados’. ¡Ya había hecho la cuenta ella! ‘Estamos 57 personas en 23 metros cuadrados’. Te da los datos. Es clara, concisa, no tiene ego y es una inspiración para los jóvenes. Yo quiero que mi hija sea así», añade.

La imagen que ofrece Alcalde de Thunberg es la de una joven distante, fría, obsesionada con los números, pero convertida en referente por su capacidad para reducir la tragedia a una cifra.

Su descripción de la travesía previa a la detención roza lo surrealista. «Ha sido un Gran Hermano cada barco, ahí ha habido de todo, o sea, imagínate«, confiesa entre risas. «Ha habido pasiones también, y enamoramientos, pero platónicos», incide.

A bordo del Adán, asegura, viajaban «22 independentistas de la CUP». «Ahí bandera española nada, ahí todo la catalana… Pero es que a mí me encanta la gente que piensa diferente, yo amo la diversidad», añade.

Durante el viaje, dice, pasaron hambre y penurias: «Hemos comido muy mal, pero al lado de lo que comen los palestinos imagínate: latas en conserva… En las paradas, cuando se rompían los barcos, comíamos mejor, pero todo mezclado: garbanzos con lentejas, hala ahí… Se te quitaban las ganas de comer».

La figura de la «Barbie Gaza» encarna el nuevo perfil del activismo digital: una mezcla de militancia y autopromoción. Alcalde, madre de seis hijostodos, dice, «influencers que viven de las redes«—, combina la estética del «activismo chic» con la retórica más extrema. En su discurso, Israel es un «Estado supremacista» y el islam, «una liberación frente al capitalismo occidental».

Convertida al islam tras casarse con un marroquí, defiende que «la mujer musulmana es más libre que la europea» y sostiene que «Occidente es esclavo del consumo».

Aun así, se muestra convencida de que la flotilla «ha servido para algo»: «Conforme avanzábamos, avanzaba el acuerdo. Había que demostrar que Israel no es una democracia».

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