
Una estudiante de la Universidad de Mons ha sido presuntamente secuestrada y violada por tres inmigrantes de origen pakistaní en el interior de una tienda de alimentación de esta ciudad belga. Los hechos se remontan a diciembre de 2025, aunque el procedimiento judicial ha comenzado este mes de octubre. Los acusados, entre los que se encuentran el propietario del establecimiento y uno de sus empleados, se enfrentan a posibles penas de entre cuatro y cinco años de prisión por delitos de violación agravada y privación ilegal de libertad.
La víctima, identificada bajo el nombre ficticio de Laura, ha comparecido ante el tribunal para relatar las consecuencias de aquella madrugada. «Tengo la sensación de haber sido desechada como un juguete roto aquella noche. Me arrebataron mi dignidad, mi cuerpo, mis amigos, mi familia, mis estudios y muchas otras cosas. Exijo justicia», ha declarado durante la vista, según recoge el periódico belga L’Avenir.
Los acontecimientos comenzaron durante la madrugada del 12 de diciembre de 2025, cuando la universitaria entró en un comercio nocturno situado en la calle de la Clef, en el centro de Mons. Eran aproximadamente las 1:30 horas y la joven acababa de salir de fiesta. Tras realizar una primera compra, regresó minutos después al establecimiento, donde uno de los trabajadores le propuso tomar una copa en una habitación situada detrás de la zona comercial.
La estudiante aceptó la invitación y utilizó una aplicación de traducción para conversar con el empleado. Una vez dentro, el propietario ordenó que le prepararan una bebida de whisky con refresco de cola. Poco después, comenzó a sentirse intranquila y decidió enviar un mensaje a su compañera de piso: «Estoy en la tienda de conveniencia. Si no regreso, llama a la policía».
Según la reconstrucción presentada durante el juicio, los empleados cerraron el negocio alrededor de las 2:29 horas, pese a que la joven todavía permanecía en su interior. La denunciante sostiene que, después de consumir la bebida, empezó a experimentar problemas de visión hasta perder completamente el conocimiento.
No recuperó la consciencia hasta aproximadamente las 6:34 de la mañana. Se encontraba sola en la trastienda, desorientada, con la ropa descolocada y sin su ropa interior. Consiguió abandonar el local por sus propios medios, aunque varios trabajadores de recogida de residuos que se cruzaron con ella describieron posteriormente su comportamiento como el de una persona aterrorizada.
Cuando pudo reunirse con su compañera de piso, explicó que sospechaba haber sufrido una agresión sexual. La denuncia dio paso a una investigación policial y a diferentes pruebas médicas. Los análisis detectaron material genético masculino en muestras vaginales, mientras que los agentes localizaron posteriormente la ropa interior de la joven en el establecimiento. En esta prenda aparecieron restos de semen compatibles con el perfil genético de uno de los investigados.
Durante la intervención en el comercio, los policías encontraron a dos de los sospechosos y descubrieron a un tercero que se había ocultado dentro de un armario. Los tres fueron detenidos y actualmente niegan haber participado en los hechos denunciados.
El dueño del establecimiento ha ofrecido una versión alternativa, asegurando que la estudiante trató de sustraerle 7.000 euros. Sin embargo, la Fiscalía ha rechazado esa explicación, al considerar que no permite justificar los indicios científicos incorporados al procedimiento.
El Ministerio Público sostiene que los tres acusados deben responder conjuntamente por la presunta violación. Durante la vista, el fiscal también ha cuestionado que decidieran cerrar el negocio mientras la joven seguía dentro. Por su parte, los abogados defensores han solicitado la absolución y el tribunal ha examinado la posibilidad de atribuir a dos de los procesados un delito de omisión de auxilio a una persona en peligro.
La investigación incluye, además, otra denuncia contra uno de los acusados por un supuesto intento de agresión sexual ocurrido en julio de 2025. En aquella ocasión, otra clienta habría sido conducida a la parte trasera de la tienda, donde el investigado presuntamente trató de besarla por la fuerza.
La representación legal de Laura, encabezada por la abogada Odile Maes, ha defendido que los tres hombres conocían lo que estaba ocurriendo en el establecimiento y deben asumir responsabilidades por ello. Durante su intervención ante el tribunal, la letrada llegó a calificarlos de «depredadores sexuales».
La joven también ha descrito el profundo deterioro de su vida desde aquella noche. Asegura sufrir pesadillas recurrentes, miedo a los hombres, dificultades para relacionarse y un aislamiento que ha afectado tanto a su entorno familiar como a sus amistades. También perdió su empleo de estudiante y experimentó importantes cambios físicos, aunque consiguió completar su primer curso universitario gracias a diversas adaptaciones académicas.
El tribunal tiene previsto pronunciarse a principios de noviembre. Hasta entonces, los tres acusados mantienen su presunción de inocencia, mientras la Fiscalía solicita condenas de prisión y la denunciante reclama justicia por unos hechos que, según su testimonio, han condicionado profundamente su vida.