
La Administración de Donald Trump ha decidido elevar la presión sobre Sudáfrica por las políticas que Washington considera discriminatorias contra los afrikáners y otras minorías raciales, anunciando nuevas restricciones de visado contra los responsables de aprobar o aplicar medidas basadas en criterios raciales.
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha confirmado que Estados Unidos impedirá la entrada en el país a ciudadanos extranjeros implicados en políticas que permitan expropiaciones sin compensación, discriminación por razón de raza o incitación a la violencia contra minorías étnicas.
«Estados Unidos no permitirá que este comportamiento continúe sin consecuencias», ha advertido Rubio. Washington sostiene que el Gobierno sudafricano no ha respondido adecuadamente a las preocupaciones planteadas durante el último año y medio sobre la situación de los afrikáners, una comunidad descendiente principalmente de colonos neerlandeses y de población mayoritariamente blanca.
La medida profundiza una estrategia iniciada por Trump en febrero de 2025, cuando firmó una orden ejecutiva que suspendió buena parte de la ayuda estadounidense a Sudáfrica y ordenó priorizar la acogida de afrikáners que Washington considere víctimas de discriminación racial.
La Casa Blanca denunció entonces lo que calificó como políticas destinadas a erosionar la igualdad de oportunidades en el empleo, la educación y la actividad empresarial, además de una retórica que, según la Administración estadounidense, contribuye a exacerbar la violencia contra determinados propietarios rurales blancos.
La nueva decisión supone un paso adicional: ya no se limita a cortar financiación o facilitar la entrada de refugiados, sino que castiga directamente a quienes Washington considere responsables de diseñar o ejecutar esas políticas. Rubio ha señalado expresamente tres ámbitos: legislación basada en criterios raciales, posibles confiscaciones de tierras sin compensación y discursos que puedan incitar a la violencia contra minorías.
El principal punto de fricción continúa siendo la política de tierras sudafricana. La legislación aprobada en 2024 permite que, en determinadas circunstancias y cuando resulte «justo y equitativo», la compensación por una expropiación pueda fijarse en cero. El propio texto oficial sudafricano establece que la expropiación debe responder a un propósito público o al interés general.
Pretoria sostiene que la norma pretende corregir desigualdades históricas heredadas del apartheid y que no autoriza confiscaciones arbitrarias. La Constitución sudafricana mantiene además que ninguna persona puede ser privada arbitrariamente de su propiedad y reconoce el control judicial sobre los procesos de expropiación.
Washington, sin embargo, considera que la legislación abre la puerta a un trato desigual basado en la raza y ha convertido este asunto en uno de los principales motivos de su enfrentamiento diplomático con el Gobierno de Cyril Ramaphosa. «Seguimos profundamente preocupados por los delitos motivados por el racismo y la discriminación auspiciada por el Gobierno contra los afrikáners y otras poblaciones minoritarias», ha afirmado Rubio.
La nueva política se apoyará en la legislación migratoria estadounidense, que permite al secretario de Estado declarar inadmisible a un extranjero cuando su presencia pueda tener consecuencias negativas graves para la política exterior de Estados Unidos. Las restricciones podrán alcanzar también a determinados familiares de los afectados.
El Departamento de Estado no ha difundido por ahora una lista pública de nombres, pero ha dejado claro que el criterio se aplicará a personas responsables o cómplices de políticas raciales o de incitación a la violencia contra minorías. La Administración Trump insiste así en un principio que ha situado en el centro de su ofensiva diplomática contra Pretoria: la discriminación racial debe ser denunciada con independencia del color de piel de quienes la sufran.