
El exministro de Industria Miguel Sebastián ha revelado cómo altos cargos del Gobierno podían regresar a España con joyas saudíes de alto valor sin pasar por un control aduanero estricto. Su relato abre una nueva vía en la causa que afecta al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, investigado por la presunta introducción clandestina de joyas valoradas en hasta 1,3 millones de euros.
Sebastián explicó este fin de semana en un artículo en eldiario.es y ha confirmado después a El Mundo que él mismo recibió hace cerca de 20 años un regalo del rey de Arabia Saudí tras participar en una reunión de ministros de Energía en aquel país. Según su versión, se trataba de joyas que decidió donar a Patrimonio Nacional, aunque asegura que en el Ministerio le indicaron que podía quedárselas.
El testimonio del exministro sitúa el foco en una práctica especialmente sensible: la entrada en España de regalos de alto valor recibidos por autoridades durante viajes oficiales. Sebastián defiende que no se trataba de una remuneración por un trabajo y que, según las indicaciones que recibió entonces, no tenía obligación de declararlo como renta en especie.
La revelación tiene impacto directo sobre la situación judicial de Zapatero. El juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama imputa al expresidente delitos fiscales y de contrabando por la presunta introducción en España de joyas sin declararlas ni someterlas a control aduanero. La causa incluye además blanqueo, tráfico de influencias y organización criminal en el marco del caso Plus Ultra.
Sebastián sostiene que Zapatero también recibió regalos de Estado de este tipo y que será él quien explique el origen de las joyas intervenidas en su caja fuerte. Esa línea puede servir a la defensa del expresidente para intentar presentar las piezas como regalos antiguos y alegar la prescripción de los posibles delitos, en función de la fecha en la que llegaron a España.
El relato del exministro también expone el agujero de control existente en los desplazamientos oficiales. Según El Mundo, de las declaraciones de Sebastián se desprende que Zapatero pudo introducir las joyas durante su etapa en el Gobierno o con ayuda de alguna autoridad actual. «Si vienes en Falcon nadie te controla nada«, afirma otro exministro citado por el diario.
El Gobierno respondió recientemente a una pregunta parlamentaria de VOX que «ningún expresidente del Gobierno ha utilizado las aeronaves del Ejército del Aire una vez finalizado su respectivo mandato.» Si esa versión es correcta, la vía del Falcon sólo habría sido posible durante la etapa de Zapatero en La Moncloa o con intervención de alguna autoridad actual.
Existe, además, otra vía señalada por fuentes conocedoras de los desplazamientos de otros expresidentes: el acceso privilegiado en los aeropuertos españoles incluso en vuelos comerciales. Según esas fuentes, los expresidentes entran y salen de Barajas por el área de Autoridades, dependiente de Aena, donde deben mostrar el pasaporte, pero apenas se aplica control aduanero salvo declaración voluntaria de objetos de valor.
El juez Calama sostiene que corresponde ahora a Zapatero justificar el origen de su patrimonio en joyas. En su resolución, afirma que «la posesión de bienes de lujo sin trazabilidad aduanera constituye un indicio suficiente para la apertura de diligencias por delito de contrabando, al revelar una posible importación clandestina incompatible con el cumplimiento de las obligaciones de control y tributación inherentes al comercio exterior.»
Sebastián ha intentado presentar el caso como un problema más amplio sobre los regalos de Estado. En declaraciones a La Sexta, afirmó: «Como yo sé que las he recibido [joyas] y que Zapatero las ha recibido y él explicará el origen, quiero saber qué más gente lo ha recibido, porque no me creo que seamos los únicos, y qué han hecho con esos regalos de valor».
El exministro insiste en que, al regresar de Arabia Saudí, preguntó al personal del Ministerio qué debía hacer con las joyas. Según su relato, la respuesta fue que «no se trataba de renta en especie, porque no era remuneración por ningún trabajo, por lo que no se tenía que declarar y que era una decisión personal mía».
La declaración de Sebastián no sólo ofrece a Zapatero una posible coartada temporal para defender la prescripción. También deja al descubierto el trato privilegiado de las autoridades en los aeropuertos y la ausencia de controles efectivos sobre regalos de lujo recibidos en viajes oficiales.