
La prensa marroquí vuelve a poner el foco en la utilización de la inmigración como elemento de presión en las relaciones entre Marruecos, España y la Unión Europea. El diario marroquí Assahifa ha publicado este viernes un análisis sobre la invasión de Ceuta en el que reconoce que la inmigración se ha convertido en los últimos años en una «herramienta de negociación» y en una de las palancas de presión más sensibles de Rabat sobre Europa.
El artículo, firmado por Abdelhamid Al-Bajouki y titulado Ceuta, la inmigración que pone a prueba las relaciones marroquí-españolas, sostiene que lo ocurrido a finales de julio no debe interpretarse sólo como una crisis migratoria. A juicio del autor, las entradas masivas han sacado a la superficie cuestiones mucho más profundas relacionadas con la soberanía, las relaciones entre Madrid y Rabat y el futuro de la asociación entre ambos países.
El análisis resulta especialmente significativo al abordar directamente el valor de la inmigración como instrumento político. Assahifa asegura que durante los últimos años este fenómeno ha pasado de ser sólo un ámbito de cooperación entre Marruecos y Europa a convertirse en una «carta de negociación» y, en ocasiones, en un mecanismo no declarado para gestionar otros contenciosos.
El medio matiza que esto no supone que Marruecos utilice la inmigración de forma automática ni que cada oleada responda a una decisión política de Rabat. Sin embargo, reconoce que no puede negarse que se ha convertido en una de las herramientas de presión más sensibles de las relaciones entre Marruecos y Europa.
La explicación que ofrece el diario apunta directamente a la dependencia europea de Rabat para contener los flujos migratorios. Cuanto mayor es la necesidad de la Unión Europea de contar con Marruecos para proteger su frontera sur, señala el artículo, mayor es el valor negociador del reino alauí. Y cuanto más preocupa la inmigración a los gobiernos europeos, añade, mayor importancia adquiere esa baza.
La reflexión llega apenas un mes después de que decenas de miles de personas atravesaran la frontera de Ceuta procedentes de Marruecos, provocando una crisis migratoria y de seguridad sin precedentes en la ciudad autónoma.
Assahifa va más allá y sitúa detrás de la crisis otros asuntos especialmente sensibles para España. El periódico asegura que la inmigración puede actuar como una pantalla detrás de la que aparecen cuestiones como «el futuro de Ceuta y Melilla», las relaciones con Marruecos, la posición española respecto al Sáhara o incluso los límites de la autonomía de Madrid en materia de política exterior.
No es la primera vez que el diario marroquí vincula la presión migratoria con la soberanía española sobre las dos ciudades autónomas. A comienzos de agosto publicó otro análisis en el que se preguntaba hasta cuándo estaría dispuesta España a soportar el coste económico, militar y político de mantener Ceuta y Melilla bajo su soberanía. En aquella ocasión llegó a plantear expresamente qué obtiene estratégicamente España a cambio de un coste que, según el periódico, aumenta cada vez que se deterioran las relaciones con Marruecos «o la inmigración se convierte en una herramienta de presión».
El nuevo análisis aparece además después de que el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, elevara el tono sobre las dos ciudades. «Nos aferramos a nuestras tierras y queremos resolver el problema con España mediante el diálogo», afirmó este mes en unas declaraciones recogidas también por Assahifa.
Pese a todo, el diario considera improbable que la crisis de Ceuta termine rompiendo la alianza entre Pedro Sánchez y Mohamed VI. Su tesis es que la cooperación en materia migratoria, comercial, antiterrorista y de seguridad ha alcanzado tal profundidad que ambas partes seguirán manteniendo abiertos sus canales de colaboración.
La conclusión del medio marroquí es que Ceuta no destruirá la asociación entre España y Marruecos, pero sí puede obligar a «redefinirla». Una relación en la que la propia prensa del reino reconoce ya abiertamente que el control de la inmigración incrementa la capacidad de negociación de Rabat frente a Madrid y Bruselas.