El local funcionó, según recuerda, desde los años 80 hasta bien entrados los 2000
Un vecino de una de las saunas de Sabiniano Gómez, a LA GACETA: «Le veía salir a menudo con fajos de billetes hacia el banco»
Un vecino de una de las saunas de Sabiniano Gómez, a LA GACETA: «Le veía salir a menudo con fajos de billetes hacia el banco»
Sauna de Sabiniano Gómez. Redes sociales
Por Unai Cano
8 de agosto de 2025

Miguel, vecino de una de las saunas de Sabiniano Gómez —padre de Begoña y suegro de Pedro Sánchez— ubicada en la calle Concepción Arenal de Madrid, ha decidido romper su silencio tras décadas residiendo junto a uno de los prostíbulos más discretos y longevos del centro de la capital. En una entrevista concedida a LA GACETA, este testigo directo de lo que fue durante años un foco de prostitución y dinero en efectivo relata detalles inéditos sobre el funcionamiento del local y la influencia de sus propietarios.

«Yo vivo aquí desde 1988, justo enfrente de la sauna. Veía a diario quién entraba y quién salía», explica Miguel. “Esto no tiene nada que ver con otros clubes de la época. Era un sitio de mujeres, no gay como algunos medios han confundido, y de clientela de perfil muy claro: hombres mayores buscando sexo rápido por veinte euros».

Según su testimonio, la sauna de Concepción Arenal era un establecimiento de prostitución femenina «de tercera categoría», frecuentado por mujeres extranjeras —rumanas, marroquíes y alguna española— y gestionado con absoluta discreción por Sabiniano Gómez y su hermano. «Eran dos señores muy estirados, siempre impecablemente vestidos. Iban a hacer los ingresos a los bancos con auténticas montañas de dinero”, relata Miguel, que asegura haberlos visto personalmente en varias sucursales con «tacos enormes de tarjetas de crédito y billetes en efectivo».

El local funcionó, según recuerda, desde los años 80 hasta bien entrados los 2000, y fue durante ese periodo un negocio muy rentable. «El encargado del bar de al lado me contó que cuando Sabiniano venía con su hermano a hacer la recaudación, traían a Begoña, que era una niña, y la dejaban desayunando en el bar mientras ellos recogían el dinero de la jornada».

Miguel subraya que el ambiente de la zona durante aquellos años era “muy degradado”, especialmente por la noche. «Aquí había droga, prostitución, robos, de todo. Era una zona muy conflictiva, como la calle Ballesta, que llegó a tener hasta ocho puticlubs en menos de cien metros».

El vecino apunta también que el sistema bancario de la época facilitaba estas operaciones. «Antes no se pedía ni DNI para ingresar grandes cantidades. Hoy sería imposible mover ese dinero sin que saltasen todas las alarmas».

Aunque insiste en que nunca vio menores dentro del local, recalca que muchas de las prácticas y personas implicadas eran bien conocidas en el barrio. «Era un secreto a voces. Lo raro es que ahora se haga tanto revuelo, cuando esto ha estado ahí durante años y nadie decía nada».

La historia de Miguel pone rostro y contexto a un pasado reciente que ha vuelto a la actualidad por la vinculación familiar entre el presidente del Gobierno y un empresario del sexo que manejó durante años enormes cantidades de dinero en efectivo, con discreción, contactos y, según algunos vecinos, una posición privilegiada frente a las autoridades.

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