Los Mossos d’Esquadra han encontrado este mediodía el cadáver de un hombre de 60 años en un local del barrio de La Florida, en Hospitalet de Llobregat. El fallecido, Javier, trabajaba como zapatero y era muy conocido entre los comerciantes y residentes de la zona. Según fuentes policiales citadas por Nació, no se han apreciado indicios de violencia y la principal hipótesis es que se trate de un suicidio.
El hallazgo se ha producido después de que un amigo observara que la persiana del establecimiento estaba parcialmente levantada y se diera aviso al 112. La policía ha recibido la alerta a las 12.50 horas. Según la información periodística recogida sobre el caso, el hombre habría dejado una nota en la que aludía a la obligación de abandonar el negocio, aunque las fuentes policiales precisan que no constaba ningún desahucio judicial señalado.
Su entorno asegura que llevaba varios días preocupado porque debía entregar el local el 5 de octubre. Algunos conocidos habían intentado tranquilizarlo y animarlo a buscar otro establecimiento, pero Javier les había trasladado sus dificultades para encontrar una alternativa y trasladar todas sus herramientas y pertenencias. Por el momento, no se ha aclarado si la petición de la propiedad respondía al vencimiento del contrato o a posibles impagos.
Javier residía solo en un estudio situado en otro barrio de Hospitalet, aunque en ocasiones pasaba la noche en la zapatería cuando acumulaba trabajo. Según sus allegados, la propiedad, que controla tanto los locales como las viviendas del edificio, le había comunicado que debía marcharse. La reclamación se encontraba todavía en una fase extrajudicial, entre arrendador e inquilino. El medio que ha informado del caso ha intentado contactar sin éxito con la inmobiliaria Saju para recabar su versión.
Los testimonios vecinales describen a un comerciante estrechamente vinculado a La Florida, donde había construido buena parte de sus relaciones personales. «El local era su vida», ha explicado Virginia, una conocida. Otro vecino, Kevin, ha destacado que prácticamente cualquiera en el barrio sabía quién era «Javi el zapatero» y que su establecimiento formaba parte de la actividad cotidiana de sus calles.
La noticia se conoce diez días después de que colectivos vecinales de Santa Eulàlia, también en Hospitalet, informaran del suicidio de Olga, una mujer que había sido desahuciada. Ambos casos han vuelto a situar en el debate público el impacto de la inseguridad residencial y económica sobre la salud mental. La pérdida de una vivienda o de un negocio puede constituir un factor de estrés, aunque un suicidio no debe atribuirse a una única circunstancia.