«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El entorno etarra vuelve a utilizar a niños para sus miserables fines

La hipocresía de los amigos de una banda terrorista de ultraizquierda que mató a más de 20 menores y jamás pidió perdón por ello.

El entorno de la banda terrorista de ultraizquierda ETA utilizó este sábado a niños para pedir el acercamiento de los presos a cárceles vascas.

   

Precisamente la imagen del evento, cerrado con una manifestación en el centro de Bilbao y con espacios dedicados a los menores en los que podían pintar dibujos con el lema de la marcha «Prest Gaude» (Estamos preparados), era una niña sonriente y saltando.

Aseguran que tienen derecho a verles sin hacer miles de kilómetros y que ellos no tienen culpa de lo que sus padres hicieron. Esta sensibilidad de los amigos de una banda que mató a más de 20 menores y jamás pidió perdón por ello vuelve a mostrar su bajeza moral.

De los ataúdes blancos, a la utilización política. Los niños asesinados por ETA

La primera víctima de la banda terrorista fue una niña, Begoña Urroz Ibarrola, de 22 meses. Fue alcanzada por una bomba incendiaria colocada en la estación de Amara de San Sebastián el 27 de junio de 1960. Sufrió quemaduras en las piernas, en los brazos y en la cara que le provocaron la muerte un día después en un centro médico.

El 29 de marzo de 1980, ETA mató a José María Piris Carballo, de 13 años en Azcoitia (Guipúzcoa).
Cinco años más tarde era asesinado en Pamplona el niño de trece años Alfredo Aguirre Belascoain. 
Sonia y Susana Cabrerizo Mármol, de 16 y 13 años, Silvia Vicente Manzanares, de 13 y Jordi Vicente Manzanares, de 9, fueron asesinadas el 19 de junio de 1987 en el Hipercor de Barcelona.
Meses después, en diciembre, la banda terrorista de ultraizquierda acababa con la vida de cinco niñas en el atentado en la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, uno de los más crueles de la banda. Un coche bomba cargado con doscientos cincuenta kilos de amonal estalló y acabó con la vida de Silvia Pino Fernández, de siete años; de Silvia Ballarín Gay, de seis; de Rocío Capilla Franco, de 14; de Esther Barrera Alcaraz y de su hermana gemela Miriam Barrera Alcaraz, ambas de tres añitos.
El 22 de noviembre de 1988, ETA asesinó a Luis Delgado Villalonga, de dos años y medio, en Madrid, y el 15 de abril de 1991 a María del Koro Villamudria Sánchez, estudiante, de 17 años. Días después puso como miserable pretexto que la joven quería formar parte en un futuro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
En mayo de 1991 tuvo lugar el atentado en la Casa Cuartel de Vic (Barcelona), otro de los más sangrientos. ETA mató a Rosa María Rosa Muñoz, de 14; Vanessa Ruiz Lara, de 11; Ana Cristina Porras López, de 10; María Pilar Quesada Araque, de ocho, y Francisco Cipriano Díaz Sánchez, de 17.
El 7 de noviembre de 1991 acabó con la vida de Fabio Moreno Asla, de 2 añitos, en Eradio (Vizcaya) y el 4 de agosto de 2002 de Silvia Martínez Santiago, de seis años e hija de un agente de la Benemérita, en un atentado contra la Casa Cuartel de Santa Pola (Alicante). «No podía verla, pregunté a mi hermano y me dijo donde estaba. Corrí hacia donde estaba, cubierta de escombros, sólo se le veían los ojos, empecé a quitar escombros desesperadamente”. Son palabras de su madre, Toñi Santiago, que le cantó a su hija al oído mientras la pequeña agonizada durante su trayecto al hospital.
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