
Vecinos de Ceuta que viven frente al cementerio de la ciudad han desvelado en el programa Horizonte que, según su testimonio, oyen por las noches gritos de niñas, golpes y escenas que atribuyen a agresiones sexuales en los alrededores del camposanto, y que bajan a la calle «casi todos los días» porque no consiguen dormir.
En el relato emitido, una vecina describió la zona como un «sinvivir». Dijo que ella, su madre y otros residentes salen a menudo al oír los gritos, que «nadie duerme» porque están pendientes de sus hijos y de sus casas, y que ven a personas esconderse en los matorrales. Afirmó que lo que más le duele es «escuchar» lo que ocurre y que se trata de «violaciones de que niñas se te ponen a pie de punta». Relató que cuando bajan los vecinos acaba llegando la policía, «los pobres», pero que «por mucho que haga la policía, no uno, ni dos, ni tres, ni cuatro» basta, según su percepción.
El programa se grabó en Ceuta en el contexto de la invasión abierta el 30 de julio de 2026, cuando decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos. El cementerio musulmán de Sidi Embarek, en la periferia, se había convertido en las semanas anteriores en refugio improvisado: hay reportajes que documentan a grupos durmiendo entre lápidas y vegetación y usando las fuentes del recinto.
La denuncia vecinal se suma a un clima de alarma en la ciudad. La Fiscalía ha registrado decenas de agresiones sexuales desde la entrada masiva; las cifras públicas sitúan en torno a 23 casos, varias de ellas violaciones, con nueve víctimas menores de entre 14 y 17 años. Según esos datos, las víctimas identificadas son sobre todo personas migrantes, no un listado oficial de niñas ceutíes locales agredidas en el cementerio. Medios como El Mundo llegaron a señalar que no constaban denuncias de violación de mujeres o niñas ceutíes atribuidas a los llegados en esas fechas, frente a rumores que circulaban en redes.
La situación del cementerio y de los menores —tanto los que llegaron como los que viven en barrios próximos— sigue siendo objeto de investigación judicial y de quejas vecinales. El testimonio de Horizonte refleja el miedo de quienes viven al lado; las cifras de Fiscalía reflejan los casos que han llegado a denuncia o atención sanitaria. Ambas cosas coexisten, y no son exactamente lo mismo.