
La inseguridad ya se ha instalado en las calles de Bilbao, donde varios barrios atraviesan una creciente preocupación por el aumento de episodios violentos y conductas incívicas que inquietan a los vecinos.
Uno de los focos principales de esta situación es el barrio de San Francisco, una zona situada a escasos diez minutos caminando tanto del Casco Viejo como de Abando, el núcleo financiero de la ciudad. Pese a su ubicación estratégica, los residentes denuncian un deterioro progresivo que, según afirman, se ha intensificado desde la pandemia. Hablan de un incremento notable de agresiones, conflictos y hechos violentos que han alterado profundamente la convivencia.
En las últimas semanas, varios sucesos han elevado aún más la alarma social. Un joven fue asesinado con un machete el pasado 21 de septiembre y, apenas unos días después, se produjeron nuevas peleas con heridos, además de un apuñalamiento que dejó a una mujer con múltiples heridas. Para los vecinos, estos episodios no son hechos aislados, sino parte de una dinámica cada vez más frecuente.
Desde la asociación vecinal San Francisco Auzokideak, creada en 2018 para denunciar la situación del barrio, su portavoz Asier Arana describe un ambiente de creciente tensión. Según explica, se ha pasado de ser una zona tradicionalmente trabajadora a un entorno donde la violencia y la agresividad han ganado protagonismo.
Más allá de los enfrentamientos, los residentes también alertan de otros problemas estructurales. Denuncian la presencia de redes de venta de droga y una sensación generalizada de impunidad ante comportamientos incívicos, como orinar en la vía pública o dejar basura sin control. A ello se suma la presencia constante de personas en situación de calle, lo que, según indican, contribuye a la degradación del entorno.
Este clima ha tenido consecuencias directas en la vida del barrio. Muchos vecinos optan por marcharse, especialmente quienes forman familias, al considerar que no es un lugar adecuado para criar hijos. La pérdida de población estable, advierten, agrava aún más la situación.
Las asociaciones vecinales aseguran haber trasladado en repetidas ocasiones sus preocupaciones al Ayuntamiento de Bilbao, gobernado por PNV y PSOE, pero critican la falta de medidas concretas. Consideran que no existe una estrategia clara para revertir el deterioro y reclaman actuaciones más firmes para frenar la violencia.
Por su parte, el consistorio defiende que sí hay planes en marcha, centrados en la regeneración urbana del área de Bilbao La Vieja, donde se integra San Francisco, y que van más allá del refuerzo policial.
El problema de la seguridad no se limita a este barrio. En otras zonas como Amézola, los vecinos han llegado a organizar patrullas ciudadanas tras una oleada de incendios de contenedores a finales de 2025. Además, los estudios recientes reflejan una preocupación creciente: la inseguridad es ya una de las principales inquietudes de la población vizcaína, solo por detrás del empleo y la vivienda.
En Bilbao, la percepción de seguridad obtiene un aprobado ajustado, con una valoración ligeramente superior al 5 sobre 10, y aún más baja durante la noche, según datos municipales publicados recientemente.
En San Francisco, muchos vecinos confían en que proyectos urbanísticos pendientes, como el soterramiento de la estación de Zabalburu, puedan contribuir a revitalizar la zona y atraer nuevos residentes. Sin embargo, insisten en que esas soluciones a largo plazo deben ir acompañadas de medidas urgentes que frenen el deterioro actual.
Cabe destacar que la delincuencia ha ido acompañada de un incremento notable de la inmigración. Según datos recientes publicados por la Ertzaintza, entre enero y septiembre del año 2025 se detuvieron a un total de 5.230 personas. De ellas, 3.358 eran nacidas fuera de España, un 64,2% del total.