La Policía se vio obligada a cargar a oscuras
Violento motín en el CETI de Ceuta: reyerta con pedradas entre marroquíes y argelinos, y un vigilante de seguridad agredido y trasladado al hospital
Violento motín en el CETI de Ceuta: reyerta con pedradas entre marroquíes y argelinos, y un vigilante de seguridad agredido y trasladado al hospital
CETI de Ceuta. Europa Press
Por Rubén Pulido
10 de septiembre de 2026

El CETI de Ceuta ha vivido un episodio de motín que empezó con la agresión a un vigilante de seguridad y acabó con lanzamiento de piedras, aviso al 091 y la intervención de la Policía Nacional durante la madrugada de este miércoles. Un residente «bastante ebrio» agredió al vigilante. Después estalló una reyerta con pedradas entre argelinos y marroquíes. El empleado fue trasladado al hospital a la espera de valoración médica.

Las mismas fuentes subrayan un detalle que convierte el patio en una trampa. «No se pudo actuar al 100% en módulos por no existir luz en el patio». El centro de noche, añaden, «carece de luz en la zona de patio», una carencia «reclamada en infinidad de informes» y sobre la que, según su relato, «la dirección no toma medidas». Este medio ha tenido acceso a un vídeo que muestra esa oscuridad: se ve poco o nada. Intervenir a ciegas, dicen, impide identificar el origen del conflicto y deja al personal expuesto a una agresión inesperada.

El clima interior es cada día más hostil. El censo ronda los 1.000 acogidos de más de una veintena de nacionalidades. En ese hacinamiento, una pelea no se queda en un sólo módulo, sino que se extiende a todas las instalaciones. Trasladaron al vigilante y la reyerta siguió; primero contra la seguridad, después entre marroquíes y argelinos. Hubo que llamar al 091 «por los lanzamientos de piedras entre residentes y la cantidad de inmigrantes en la carretera». En los montes del perímetro, durante la intervención, «han salido por todos lados», en defensa de los propios invasores. Ante la escalada del episodio, tuvo que intervenir la Policía Nacional.

Una de las fuentes resume el episodio en una frase: «Reyerta entre marroquíes y la seguridad del CETI, con un vigilante trasladado al hospital». Y advierte que ante el extremado clima hostil «esto sólo acaba de empezar». El motivo que apuntan no es menor; los argelinos, dicen, «están muy cabreados porque se les deniega el asilo y los marroquíes se ríen de ellos». «A los marroquíes a día de hoy no se les está denegando el asilo». El papel oficial ha sostenido durante meses que el nacional marroquí no debía colarse en la protección internacional. En el patio, según este relato, esa diferencia se traduce en burla y reyertas constantes.

El personal carga también contra el gobierno interno del recinto. Atribuyen la orquestación a residentes marroquíes de «confianza» de la dirección, «todos ebrios y fuera de horario». Aseguran que el director no subió al centro como en otras ocasiones ni tomó medidas sobre el implicado. Añaden que hay residentes a los que se deja pasar fuera de hora con comida, enseres y bebidas, y que si los vigilantes lo impiden «el director autoriza a que entre con lo que quiera». El sistema de control de entradas y salidas, afirman, «no funciona desde hace más de cinco años».

El contraste de la luz cierra el cuadro. El patio del personal y de la contención está a oscuras «desde hace bastantes meses». A los residentes, en cambio, «sí le ponen una carpa y focos iluminando la carpa para que no le pase nada». La explicación que reciben los vigilantes es que «el centro no tiene dinero para farolas».

Un centro al borde de las 1.000 plazas, sin luz donde hay que intervenir, con un vigilante en urgencias y con dos nacionalidades enfrentadas por el asilo no es un incidente de convivencia. Es el motín de un recinto que ya no controla ni el acceso ni la noche.

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