
El portaaviones más grande jamás construido, el USS Gerald R. Ford, navega ya hacia el continente americano. El buque insignia de la Armada de Estados Unidos zarpa en plena ofensiva del presidente Donald Trump contra los cárteles de la droga y contra el régimen de Nicolás Maduro, al que Washington responsabiliza de amparar parte del narcotráfico que alcanza el país norteamericano. La operación, que coincide con ataques de las fuerzas estadounidenses a narcolanchas en mar abierto y con advertencias de Trump sobre posibles acciones en tierra firme, supone una de las mayores demostraciones de poder militar de los últimos años.
El Gerald R. Ford representa la nueva generación de portaaviones estadounidenses. Bautizado en honor al presidente que sucedió a Richard Nixon tras su dimisión, esta “isla flotante” mide lo mismo que tres campos de fútbol y desplaza unas 100.000 toneladas. Su impulso procede de dos reactores nucleares que le permiten alcanzar los 30 nudos —unos 55 kilómetros por hora— y recorrer más de 1.200 kilómetros al día. En su interior viven más de 4.500 tripulantes, revela Abc.
Trump fue quien lo incorporó oficialmente a la flota en 2017, al inicio de su primer mandato. Desde entonces, el portaaviones, valorado en 13.000 millones de dólares, ha surcado los océanos como emblema del poder naval de EE. UU. Su cubierta puede albergar hasta noventa aeronaves: cazas F/A-18 Super Hornet, helicópteros de ataque antisubmarino, aviones de vigilancia E-2 Hawkeye y unidades de guerra electrónica capaces de inutilizar las comunicaciones del enemigo.
El Gerald R. Ford lidera además un grupo de ataque que incluye cinco destructores equipados con misiles Tomahawk, buques de apoyo y, en ocasiones, un submarino de ataque. Su base habitual está en Norfolk (Virginia), aunque antes de su actual travesía participaba en maniobras de la OTAN en Croacia y había cruzado en varias ocasiones el estrecho de Gibraltar.
Ahora se dirige al Atlántico occidental, en plena escalada de tensiones en el Caribe entre Venezuela y Colombia. Washington no oculta que la misión forma parte de su guerra contra las redes del narcotráfico, pero el contexto deja entrever un segundo mensaje: Estados Unidos está dispuesto a proyectar su fuerza militar allí donde detecte complicidades con el crimen organizado.
El despliegue del Gerald R. Ford recuerda que la política de Trump no se limita a las palabras. Mientras los cárteles adaptan sus rutas y los gobiernos de la región miden sus pasos, la primera potencia del mundo ha puesto rumbo al sur con su mayor símbolo de poder naval.