«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu

Casi la mitad de los votantes demócratas en EEUU están hartos del dominio ‘woke’ en el partido

Kamala Harris. Europa Press

Cuando en su reciente comparecencia ante el Congreso Donald Trump anunció que a partir de ahora se admitirán solo dos «géneros», varón y mujer, todos los republicanos se pusieron en pie a aplaudir, mientras que todos los demócratas permanecieron sentados. Al parecer, no han aprendido nada. Ni de la derrota aprenden.

Pero sus votantes, sí. Al menos la mitad de ellos, aproximadamente, está harto del dominio que desde hace ya años ejerce la extrema izquierda sobre el Partido Demócrata. Una encuesta reciente de Gallup revela que el 45% de los demócratas quiere que su partido adopte una postura moderada y se aleje de los ultraprogresistas, un aumento de 11 puntos respecto a 2021.

Los estudios demoscópicos también muestran que el índice de los demócratas está en niveles históricamente mínimos, incapaces de reaccionar a la catarata de iniciativas exitosas de Trump. Por lo demás, su actitud de oposición a que la administración rinda cuentas de su labor ha tenido una pésima acogida entre sus seguidores, que se preguntan si no tendrán algo que ocultar.

Pero no son sólo los votantes los que advierten del peligro que supone para el partido estar demasiado escorado hacia la izquierda; voces prestigiosas dentro se han manifestado en el mismo sentido.

Así, a mediados del pasado mes el senador por Virginia Mark Warner declaraba en Newsweek: «Creo que la imagen de los demócratas es realmente mala y creo que estas elecciones dependían del mensaje cultural. Y el fracaso a la hora de conectar sobre una base cultural con una amplia franja de estadounidenses es enormemente problemático». Y añadía: «Creo que la mayoría del partido se da cuenta de que la pureza ideológica de algunos de los grupos es una receta para el desastre y que francamente el ataque al progresismo exagerado es un ataque necesario».

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