
El Pentágono ha puesto en marcha nuevos protocolos médicos destinados a detectar y tratar la deficiencia de testosterona entre los militares estadounidenses, dentro de la estrategia impulsada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, para mejorar el rendimiento físico, la resistencia y la preparación de las Fuerzas Armadas.
La Agencia de Salud de la Defensa (DHA) ha aprobado con efecto inmediato unas nuevas directrices clínicas que establecen procedimientos uniformes de detección y tratamiento de la deficiencia de testosterona en los hombres dentro de todo el sistema sanitario militar estadounidense.
El protocolo deriva de una orden emitida por Hegseth el pasado 15 de julio, denominada Health and Human Performance Optimization to Enhance Military Readiness, que establece pruebas obligatorias para todos los miembros de las Fuerzas Armadas de 30 años o más durante sus evaluaciones periódicas de salud. Los militares menores de 30 años podrán solicitar voluntariamente el análisis.
Hegseth presentó la iniciativa en julio dentro de su campaña para colocar el rendimiento físico del combatiente en el centro de la preparación militar estadounidense. «Mientras invertimos fuertemente en nuestros sistemas de armas, plataformas y equipos, nuestra ventaja táctica más decisiva siempre será el combatiente individual», afirmó entonces.
El secretario añadió que el Departamento tiene el «deber sagrado» de preservar esa ventaja buscando nuevas fórmulas para mejorar «el rendimiento, la resiliencia y la salud a largo plazo» de los militares. Hegseth llegó a presentar públicamente el programa bajo el lema «High-T Department of War», en referencia a unos niveles elevados u óptimos de testosterona.
Según explicó, el objetivo no es proporcionar una mejora artificial del rendimiento, sino detectar deficiencias hormonales y restaurar los niveles normales cuando exista una indicación médica.
El programa no implica que todos los militares con niveles reducidos de testosterona reciban automáticamente terapia hormonal. Hegseth señaló desde el anuncio inicial que, cuando los médicos consideren necesario recurrir a una terapia de reemplazo de testosterona, la decisión de recibir el tratamiento seguirá correspondiendo al propio militar.
Las nuevas instrucciones pretenden ahora uniformizar la forma en la que los profesionales sanitarios militares evalúan posibles deficiencias y determinan qué tratamiento corresponde en cada caso.
«Al identificar y tratar de forma proactiva niveles hormonales subóptimos, el Departamento continúa invirtiendo en la salud de sus combatientes, fortaleciendo su rendimiento y maximizando la preparación de la fuerza», ha señalado el portavoz del Pentágono, Sean Parnell.