
Durante una audiencia en el Senado, varios legisladores republicanos cargaron duramente contra Netflix, llegando a calificarla como «la plataforma más woke del mundo» mientras interrogaban a su co-CEO, Ted Sarandos, por la propuesta de compra de Warner Bros. Discovery.
La sesión, celebrada ante un subcomité del Senado y centrada formalmente en los riesgos de concentración de poder, derivó rápidamente hacia el impacto ideológico del gigante del ‘streaming’. Para los senadores críticos, la operación no es sólo una cuestión de competencia, sino la posible creación de un actor con influencia cultural sin precedentes. El senador Eric Schmitt fue especialmente contundente al denunciar que el catálogo de Netflix está «saturado de contenidos ideologizados» y advertir de que la fusión podría alumbrar «un gigante de propaganda política».
En la misma línea se expresó el senador Ted Cruz, que cuestionó si el problema real no es el precio o el empleo, sino «quién controla los valores que consume el país». Durante la audiencia se aludió también a informes de ‘think tanks’ que describen a Netflix como un actor con un papel desproporcionado en la formación de valores sociales y políticos, una acusación que elevó aún más la tensión del debate.
Sarandos rechazó las críticas y defendió que Netflix no impulsa una agenda política concreta. Aseguró que la plataforma ofrece contenidos «para la izquierda, la derecha y el centro», y sostuvo que su éxito responde a la diversidad de gustos del público y no a una estrategia ideológica. Sin embargo, sus explicaciones no apaciguaron a los senadores, que insistieron en que la escala de la compañía la convierte en un factor decisivo en la batalla cultural estadounidense.
El trasfondo de la audiencia es la revisión antimonopolio del acuerdo, que deberá ser evaluado por el Departamento de Justicia y otros reguladores. Aunque el Senado no decide directamente sobre la operación, la presión política puede influir en el enfoque con el que las autoridades examinen la fusión.