
La Administración Trump ha reforzado su veto a José Luis Rodríguez Zapatero tras rechazar de plano la iniciativa del expresidente del Gobierno español de contribuir a sacar del poder en Venezuela a Nicolás Maduro para colocar en su lugar, de manera «transitoria», a la vicepresidenta Delcy Rodríguez bajo la tutela política de su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, según ha avanzado Vozpópuli.
La propuesta, que Washington interpreta como un intento de perpetuar al chavismo bajo nuevas formas, no sólo ha sido rechazada, sino que ha intensificado la desconfianza hacia la labor que el exlíder socialista desempeña en Caracas desde 2015. Desde entonces, Zapatero mantiene contactos privilegiados con la cúpula del régimen, especialmente con los hermanos Rodríguez, considerados por EEUU como piezas clave en la supervivencia de Maduro.
Según fuentes conocedoras, durante el mes de agosto Zapatero se reunió en Madrid tanto con representantes de la oposición más moderada como con exdirigentes del chavismo defenestrados por el propio Maduro. Entre ellos destaca el general Miguel Rodríguez Torres, antiguo jefe del Sebin y exministro del Interior, caído en desgracia en 2018 por enfrentarse a Diosdado Cabello y que, tras pasar años en prisión, fue enviado a Madrid en 2023 con la mediación del expresidente español.
El plan de Zapatero fue trasladado a través del diplomático Thomas Shannon, subsecretario de Estado con George W. Bush y figura con amplia experiencia en Iberoamérica. Sin embargo, los responsables estadounidenses fueron tajantes: ni aceptaban la operación ni estaban dispuestos a dar legitimidad a quien consideran un lobbista al servicio del chavismo. La respuesta se tradujo, incluso, en gestos de fuerza militar como el despliegue de la Armada norteamericana en el Caribe tras acusar a Maduro y a su círculo de liderar un entramado «narcoterrorista».
Desde entonces, el marcaje a Zapatero se ha endurecido. El 14 de agosto, la Justicia estadounidense presentó una demanda contra Maduro y varios de sus colaboradores, en la que se rastrea también la labor internacional del expresidente español en defensa del régimen bolivariano. Semanas después, el actual subsecretario de Estado, Christopher Landau, sugirió públicamente que se le retirase el visado para impedirle entrar en EEUU.
El senador Marco Rubio, una de las voces más influyentes en la política exterior de Washington hacia Iberoamérica, ha sido especialmente crítico con Zapatero, al que atribuye un papel desestabilizador en la región y una influencia negativa sobre la diplomacia del Gobierno de Pedro Sánchez. En su opinión, el expresidente «no actúa como mediador», sino como pieza útil del «clan Rodríguez» para garantizar la continuidad del chavismo.
Fuentes opositoras insisten en que la función real de Zapatero se ha reducido a «negociar presos», logrando excarcelaciones puntuales de disidentes chavistas o de figuras cercanas al régimen, pero no de los prisioneros políticos de la oposición democrática. Esa estrategia ha aumentado la desconfianza de quienes le ven como un mero gestor de favores de Maduro en lugar de un intermediario en un verdadero proceso de transición.
El expresidente español ha intentado además implicar a Qatar para abrirse paso hacia las autoridades estadounidenses, aunque tampoco ha logrado respaldo de la Organización de Estados Americanos (OEA). Su secretario general, Luis Almagro, ha sido uno de sus críticos más persistentes y hace tiempo que se distanció de sus movimientos en Venezuela.