La ofensiva fiscal del alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani, contra los grandes patrimonios empieza a tener consecuencias económicas para la ciudad. Tras el enfrentamiento con el fundador de Citadel, Ken Griffin, que amenazó con revisar un proyecto inmobiliario de 6.000 millones de dólares en Manhattan, el gigante financiero Apollo Global Management estudia ahora abrir una segunda sede fuera de Nueva York, previsiblemente en Florida o Texas.
Apollo, con sede en Manhattan y más de 900.000 millones de dólares en activos bajo gestión, prepara un nuevo centro de operaciones que podría emplear hasta 1.000 trabajadores. La decisión, según New York Post, se interpreta en Wall Street como una nueva señal del deterioro del clima empresarial en la ciudad tras la llegada de Mamdani y su discurso de confrontación contra los ricos.
El movimiento se produce pocos días después de la polémica entre Mamdani y Ken Griffin. El alcalde utilizó el ático de 238 millones de dólares del fundador de Citadel en Manhattan como ejemplo para defender un nuevo impuesto a las viviendas de lujo no utilizadas como residencia principal. Griffin calificó el vídeo de «inquietante» y «extraño», y advirtió de que el gesto había generado problemas de seguridad y deteriorado aún más la imagen de Nueva York como destino de inversión.
Citadel había impulsado un gran proyecto en el 350 Park Avenue, valorado en unos 6.000 millones de dólares y con potencial para generar miles de empleos. Aunque Griffin ha señalado que probablemente seguirá adelante con el desarrollo, también ha dejado claro que la actitud del Ayuntamiento le empuja a reforzar sus inversiones en Florida, donde Citadel trasladó su sede desde Chicago en 2022.
La posible salida de crecimiento futuro hacia Florida o Texas tendría un impacto directo en las arcas públicas de Nueva York. Apollo pagó 1.276 millones de dólares en impuestos sobre la renta en 2025, frente a los 1.062 millones abonados en 2024, según las cifras citadas por la prensa estadounidense. Una reducción de su presencia o de su contratación en la ciudad podría traducirse en menos ingresos fiscales justo cuando Mamdani necesita recursos para financiar su agenda de gasto público.
El gobernador de Texas, Greg Abbott, ha aprovechado la crisis para invitar a empresas neoyorquinas a trasladarse a su estado, subrayando su menor carga fiscal y regulatoria. Texas ya ha superado a Nueva York en empleo financiero en algunos indicadores, una tendencia que refuerza la competencia entre estados por atraer capital, talento y grandes compañías.
La reacción empresarial no se limita a Citadel y Apollo. Fuentes del sector financiero citadas por medios estadounidenses sostienen que otros directivos están estudiando movimientos similares de forma silenciosa, sin grandes anuncios públicos, ante la sensación de que Nueva York se ha vuelto un entorno cada vez más hostil para los grandes contribuyentes y creadores de empleo.
Mamdani defiende que su política fiscal busca corregir un sistema que, a su juicio, beneficia a los más ricos mientras la ciudad se vuelve inasequible para los trabajadores. Su equipo sostiene que Nueva York necesita una reforma tributaria que obligue a los grandes patrimonios a aportar más. Sin embargo, la respuesta de Wall Street apunta en la dirección contraria: los capitales móviles pueden trasladarse con rapidez a jurisdicciones más favorables.