«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El presidente Trump prometió en campaña acabar con la guerra

La pelea en el Salón Oval muestra la distancia entre los medios tradicionales y el pueblo estadounidense

Donald Trump y Volodimir Zelenksi. Europa Press

La conferencia de prensa en el Salón Oval del pasado viernes entre el presidente Donald Trump y el presidente ucraniano Zelenski quedará para la historia, y no de una manera positiva. Comenzó de forma más o menos protocolar, más o menos normal (considerando las circunstancias) y debía ser la cereza de una torta, bien decorada por los presidentes Macron y Starmer en los días previos, en un esfuerzo europeo para mantenerse dentro de la mesa en la que se dirimía el fin de la guerra de Ucrania.

En la primera mitad de la conferencia, si bien la tensión era evidente como cuadra a cualquier negociación que implique guerras, fronteras, capitulaciones, garantías de paz y la supervivencia de países, lo cierto es que no ocurrió nada fuera de lo común. Trump intentó ser cordial a su modo, y llevar la charla basándose en las conversaciones que, a entender de los miembros de su gabinete, estaban encaminadas respecto de los acuerdos entre EEUU y Ucrania como compensación por el apoyo norteamericano a Kiev.

Sin embargo, la famosa «tensa calma» estalló por el aire cuando, de entre un nutrido grupo de periodistas, destacó una pregunta que sugería que Trump estaba alineado con Putin y que esto comprometería un acuerdo justo entre Rusia y Ucrania. Trump respondió tratando de explicar que como árbitro tenía que tener una posición de escucha de ambas partes porque si no, no habría un acuerdo. El vicepresidente JD Vance intervino, recordando que la estrategia de la administración Biden no había obtenido ningún logro y que la actual Administración consideraba que para conseguir la paz era necesario el ejercicio de la diplomacia.

Zelenski abandonó entonces todo protocolo y espetó a Vance: «¿De qué tipo de diplomacia estás hablando, JD? ¿Qué quieres decir?». A lo que Vance respondió: «Estoy hablando del tipo de diplomacia que va a poner fin a la destrucción de su país. Señor presidente, con todo respeto, creo que es una falta de respeto que usted venga a la Oficina Oval para intentar litigar esto frente a los medios estadounidenses. En este momento, ustedes están por ahí obligando a los reclutas a ir al frente porque tienen problemas de personal. Deberían agradecerle al presidente por intentar poner fin a este conflicto».

Aquí es cuando quedó en evidencia lo que la Administración ucraniana y la norteamericana piensan el uno del otro. El giro copernicano que dio el Gobierno de EEUU desde que asumió Trump incluyó, también, lo que la Casa Blanca (y no sólo Trump) piensan de Zelenski y viceversa. No es sólo una cuestión de enfrentamiento personal de larga data (que existe mucho antes de la invasión de Rusia del 2022) sino de una forma de entender el mundo y el ordenamiento político, económico y jurídico; en el que Zelenski comulga abiertamente con los enemigos de Trump dentro de EEUU. Claro que en tiempos de guerra estas cuestiones se solapan, pero negarlas es fallar al diagnóstico.

Todas estas tensiones emergieron en lo que siguió de la reunión, el presidente ucraniano dejó fluir su molestia tanto gestual como retóricamente lo que terminó de molestar a Trump y ya la conversación se tornó imposible por las interrupciones, las desmentidas y contradesmentidas y las afirmaciones que, sin dudas, debían haberse zanjado entre los equipos diplomáticos previamente y no entre los mandatarios frente a los ojos del mundo.

Una de las razones por la que existen los diplomáticos es por la necesaria templanza, conocimiento y manejo del lenguaje con el que se negocia y sobre todo, conocimiento del personaje que tiene que firmar lo acordado. Nada de eso se tuvo en cuenta, ni a Zelenski ni a Trump les importó el carácter de quien tenían enfrente. Pero el que venía a pedir cosas, el que tenía que meter a Trump en su ecuación era Zelenski, esa era su misión. En cambio discutió en público con Trump, lo que casi provoca un infarto en la embajadora de Ucrania en los EEUU. Finalmente, Trump se hartó y Zelenski dejó de ser bienvenido en la Casa Blanca.

De ahí en más, el arco de repudio sincronizado del mainstream mediático se puso en marcha para castigar a Trump. Nada que no se hubiera visto en la campaña electoral 2024, en la del 2016, durante los impeachments, en los juicios contra el presidente y en cada ocasión en la que ven que se puede colar una flecha al corazón del político que más detestan. Se sumaron al coro mediático, políticos, influencers, burócratas y mandatarios europeos que en un frenético abuso del «copy paste» subieron al unísono sus mensajes de condena al presidente norteamericano y a su equipo, ya que estaban.

Basta ver el video completo de lo sucedido para comprobar que la escalada de intercambios dista mucho de ser el recorte de los minutos en los que Trump pierde la paciencia. Pero, en cambio, se manipularon clips meticulosamente seleccionados que son los que aparecen en los medios para reforzar la narrativa de que Zelenski fue invitado para ser emboscado. A esta altura y por cómo está polarizado el tema, sobran argumentos que sostienen el sesgo de confirmación de quienes defienden o critican la actuación de Trump o de Zelenski en esos 50 minutos, dependiendo el gusto del consumidor. Abundaron, más tarde, los análisis de fin de semana en la misma deriva y, como evento histórico, se seguirá hablando sobre este altercado por años.

El paredón mediático

Lo interesante es ver cómo los medios tradicionales volvieron a presentar una narrativa casi completamente divorciada de la percepción del norteamericano de a pie. Según el mainstream media, Trump traicionó al país, emboscó a Zelenski y pagará un duro precio frente a su electorado por lo sucedido. El coro de expertos en política exterior, columnistas y líderes europeos han castigado a Trump duramente y lo han acusado de acosar a un aliado indefenso.

Los ejemplos son muchos, SWI denunciaba que «Así se gestó la «emboscada» inédita y de consecuencias impredecibles a Zelenski», el New York Times afirmó: «Trump arremete contra Zelenski en un acalorado intercambio en la Casa Blanca». El periódico Politico tituló: «El ataque de Trump y Vance a Zelenski enfurece a muchos, pero a los rusos y (algunos) republicanos les encanta». El medio español The Objective sostuvo que: «Usted y ese vicepresidente (por Trump y Vance) suyo quisieron hacer el trabajo sucio que Vladímir Putin no ha conseguido en tres años de bombardeos». Sin moverse de la narrativa hegemónica, The Atlantic sentenció: «Fue una emboscada». La lista es siempre la misma, como es siempre la misma postura de los medios frente a Trump: por default lo critican, luego ven si la realidad se ajusta o no a sus titulares.

Pero, como viene pasando cada vez con mayor frecuencia en esta distante relación entre los medios tradicionales y la opinión pública, el contraste entre los titulares demonizando a Trump por la reunión en el Salón Oval y la percepción del norteamericano de a pie fue brutal.

Una encuesta realizada a poco de concluida la discusión, mostrando el video a votantes registrados, con republicanos y demócratas representados proporcionalmente mostró que sólo un tercio condenaba el comportamiento de Trump, mientras que la mitad daba a Trump la razón. Más del 60% consideraron ofensivos los comentarios de Zelenski y el 70% cree que Estados Unidos tiene la influencia necesaria para acabar con el conflicto.

Lo que piensan los estadounidenses

Esto no debería llamar la atención, varios sondeos de opinión vienen reflejando la forma en que decrece el apoyo de los ciudadanos norteamericanos a Zelenski y a la continuidad de la guerra en Ucrania. Según CNN, en febrero de 2022, el 72% confiaba en que Zelenski «haría lo correcto en lo que respecta a los asuntos mundiales»; en febrero de 2025, esa cifra cayó casi 30 puntos. Mientras tanto, el 78% de los estadounidenses quiere un acuerdo de paz y sólo el 16% se opone. Una encuesta de Pew Research Center realizada a comienzos de febrero de este año mostró que el porcentaje que cree que EE. UU. está proporcionando demasiada ayuda a Ucrania, aumentó casi 30% desde que se hizo la misma pregunta en noviembre de 2024 y sólo el 39% considera que apoyar a Ucrania beneficia la seguridad nacional de EE.UU. La tendencia es clara y creciente, los norteamericanos están hartos de esta guerra y no quieren sostener económicamente el conflicto.

Para una muy importante porción de los ciudadanos estadounidenses, lo ocurrido en el Salón Oval no fue lo que los medios publicaron ni lo que la elite política europea posteó al unísono. No vieron a su presidente intimidando a un pobre Zelenski débil, sino a su presidente defendiéndolos de un expolio del que están cansados. Trump sabe que los estadounidenses quieren que se reduzcan los gastos y sabe que todos los sondeos muestran un apoyo a un acuerdo de paz que supera el 70% promedio. Es por eso que prometió en campaña terminar esta guerra y es una de las razones por las que ganó. A diferencia de los líderes europeos que no se cansan de traicionar a su electorado, el presidente 47 no está dispuesto a poner en juego su legitimidad por complacer al coro mediático que lo detesta desde 2016.

Trump quiere ser visto como un pacificador y está convencido de ser la única persona capaz de evitar la Tercera Guerra Mundial. En el Salón Oval, el pasado viernes, se dio cuenta de que sus puntos de vista y los de Zelenski eran incompatibles. Más tarde, se encargó de mostrar lo que pensaba con una publicación que rezaba que el presidente Zelenski no estaba listo para la paz. A diferencia de lo que hicieron los medios y los líderes europeos, Trump le estaba hablando a su público. Y su público lo sigue escuchando.

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