
La Administración de Donald Trump ha ordenado el despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en aeropuertos de todo Estados Unidos ante el creciente colapso en los controles de seguridad provocado por el bloqueo presupuestario en Washington.
La medida, que entra en vigor este lunes 23 de marzo, busca aliviar la saturación en los puntos de control tras semanas de escasez de personal en la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), cuyos trabajadores llevan sin cobrar desde mediados de febrero.
El propio Trump anunció la decisión, que implica la reasignación de efectivos de inmigración a tareas de apoyo en aeropuertos, en un intento de evitar el deterioro de un sistema clave para la movilidad nacional. Según ha explicado Tom Homan, asesor en materia fronteriza de la Casa Blanca, los agentes de ICE no asumirán funciones técnicas como el manejo de escáneres, pero sí participarán en labores de vigilancia, control de accesos y apoyo logístico.
La crisis se remonta al bloqueo de financiación en el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que ha dejado a miles de trabajadores federales sin salario, provocando ausencias, falta de personal y largas colas en aeropuertos de todo el país. El origen del conflicto es político: legisladores demócratas han condicionado la aprobación del presupuesto a reformas en ICE, en el marco de su ofensiva contra la política migratoria de la Administración Trump.
Mientras tanto, el sistema de seguridad aeroportuaria se ha visto sometido a una presión creciente, obligando al Ejecutivo a adoptar medidas extraordinarias para evitar un colapso operativo.
El secretario de Transporte, Sean Duffy, ha advertido de que la situación podría agravarse si no se alcanza un acuerdo en el Congreso, lo que incrementa la tensión en torno a uno de los principales frentes políticos en Estados Unidos: el control migratorio y la seguridad nacional.
Pese al bloqueo, las operaciones de ICE han continuado gracias a fondos previamente aprobados, lo que ha permitido al Gobierno recurrir a estos efectivos como solución de emergencia ante una crisis que refleja, una vez más, las consecuencias directas de la parálisis política en Washington.