
La muerte de un revisor de 36 años en Renania-Palatinado ha reabierto en Alemania el debate sobre la seguridad en la red ferroviaria y el impacto de la inmigración en la criminalidad violenta. Los últimos datos correspondientes a 2025 revelan que las agresiones contra empleados de Deutsche Bahn (DB) se mantienen en niveles preocupantes: 2.689 delitos registrados, lo que equivale a ocho ataques diarios.
La polémica se ha intensificado tras conocerse el perfil de los sospechosos identificados. De los 2.082 presuntos agresores localizados, el 45,3% eran extranjeros, pese a que este colectivo representa aproximadamente el 16,9% de la población total del país.
El partido soberanista alemán AfD (Alternativa para Alemania) ha denunciado que las cifras muestran una «sobrerrepresentación masiva y significativa» de agresiones de extranjeros en este tipo de delitos. La formación sostiene que las actuales políticas migratorias están poniendo en riesgo la seguridad de los trabajadores del transporte público y reclama un giro radical en materia de inmigración.
Desde AfD defienden que los extranjeros que cometan delitos graves deben perder el derecho a permanecer en Alemania y ser deportados a sus países de origen. El debate se produce en un contexto de creciente preocupación por la violencia en espacios públicos y por el deterioro de la seguridad interna.
Por su parte, Deutsche Bahn asegura que invierte 200 millones de euros anuales en medidas de seguridad, incluyendo cámaras corporales para empleados y formación en técnicas de desescalada. No obstante, la compañía mantiene su modelo de estaciones abiertas sin tornos de acceso, lo que algunos sectores consideran un punto vulnerable del sistema.
Ante el aumento de la tensión, la directiva de DB y el ministro de Transporte han convocado una cumbre de seguridad para coordinar a los 4.500 agentes de seguridad ferroviaria y los 6.000 efectivos federales desplegados en la red.
El caso del revisor fallecido ha convertido lo que antes eran cifras estadísticas en un problema político de primer orden. En Alemania, la seguridad del transporte público vuelve al centro del debate nacional.