
Austria atraviesa una grave crisis de delincuencia juvenil asociada a la inmigración, según datos oficiales del Ministerio del Interior. Los delitos cometidos por menores se han más que duplicado desde 2015, y los casos que involucran a jóvenes de origen sirio han aumentado cuarenta veces en menos de una década.
En 2015, la policía austríaca registró alrededor de 5.160 delitos cometidos por menores de entre 10 y 14 años. En 2024, esa cifra superó los 12.000 casos. Entre ellos destaca el auge de la delincuencia cometida por jóvenes sirios: mientras en 2015 apenas se contabilizaron 25 incidentes, el año pasado rozaron los 1.000.
Desde la oposición, el Partido de la Libertad (FPÖ) responsabilizó a las «políticas de fronteras abiertas» y a la «ingenuidad multicultural» de los últimos gobiernos del aumento de la criminalidad. Su secretario general, Michael Schnedlitz, calificó las medidas de Karner como «teatro de relaciones públicas» y reclamó endurecer las deportaciones de solicitantes de asilo condenados y bajar la edad de responsabilidad penal de 14 a 12 años.
El debate se produce mientras las encuestas revelan una creciente desconfianza ciudadana hacia la gestión migratoria. Según un sondeo reciente, el 85 % de los austríacos apoya la deportación de delincuentes extranjeros, incluso a países considerados inseguros, mientras sólo el 12 % está satisfecho con la actual política de asilo.
Austria, uno de los países que más refugiados acogió durante la crisis migratoria de 2015, enfrenta hoy las consecuencias sociales y de seguridad de aquella apertura. La oleada de delitos cometidos por menores inmigrantes reaviva la demanda de controles más estrictos y una integración real frente a años de complacencia política.