
Bélgica ha comenzado a dar marcha atrás en uno de los símbolos más evidentes de la crisis migratoria europea: la ocupación de instalaciones militares por inmigrantes ilegales. El Gobierno ha anunciado el cierre progresivo de estos centros de acogida, que actualmente albergan cerca de 4.000 plazas, con el objetivo de devolver las bases a su función original: la defensa nacional.
La medida, impulsada por la ministra de Asilo y Migración, Anneleen Van Bossuyt, y el ministro de Defensa, Theo Francken, se enmarca dentro del nuevo plan de «distritos de defensa», que contempla la modernización de infraestructuras militares y la creación de nuevas instalaciones estratégicas en todo el país.
Durante los últimos años, Bélgica recurrió a cuarteles y bases militares para hacer frente al colapso de su sistema de asilo, habilitando hasta nueve centros de acogida repartidos por el territorio. Sin embargo, lo que se presentó como una solución temporal terminó convirtiéndose en una anomalía estructural: un ejército desplazado de sus propias instalaciones para alojar a inmigrantes.
Ahora, el Ejecutivo reconoce implícitamente ese error. Los primeros cierres se producirán este mismo año en Ypres y Koksijde, mientras que el resto de centros —ubicados en Arlon, Tournai, Florennes, Glons, Houthalen-Helchteren, Namur y Neder-over-Heembeek— serán clausurados de forma gradual hasta 2040.