
Una piscina temporal instalada frente al histórico teatro Volksbühne de Berlín ha desatado una fuerte polémica después de anunciar que durante parte de la jornada del próximo 14 de agosto únicamente permitirá el acceso a personas negras.
El recinto, financiado con fondos públicos y presentado originalmente como un espacio gratuito y abierto para los berlineses, reservará entre las 12.00 y las 18.00 horas su uso exclusivamente a las denominadas «comunidades negras».
Durante ese periodo quedará suspendido el acceso general, por lo que cualquier persona que no forme parte del grupo racial definido por los organizadores quedará excluida de la piscina. La medida ha provocado acusaciones de discriminación racial, especialmente por tratarse de un proyecto sufragado en buena medida por los contribuyentes.
El programa oficial es explícito. «Durante este periodo, la piscina pública está exclusivamente abierta a comunidades negras», señala el anuncio del evento, según recoge el diario alemán Berliner Zeitung. Los responsables piden además que se respete esta «autodenominación colectiva» y los espacios reservados asociados a ella.
La jornada se organiza conjuntamente con Each One Teach One (EOTO), una organización dedicada a programas sociales y culturales dirigidos a personas negras y que recibe financiación pública tanto del Gobierno federal alemán como del estado de Berlín.
La decisión resulta especialmente controvertida porque el proyecto fue presentado precisamente como un espacio comunitario gratuito y contrario a la comercialización de la ciudad.
La instalación ha contado con un presupuesto aproximado de 300.000 euros. La piscina, situada frente al Volksbühne, mide 25 metros de longitud y tiene una profundidad de aproximadamente 1,30 metros. Puede albergar simultáneamente a unas 46 personas y los organizadores calculan que alrededor de 20.000 usuarios pasarán por ella durante las ocho semanas previstas de funcionamiento.
El propio Volksbühne recibe, según la información publicada, más de 20 millones de euros anuales en subvenciones públicas. El proyecto fue impulsado como una de las primeras iniciativas del nuevo director artístico del teatro, Matthias Lilienthal, quien defendió su construcción como respuesta a la falta de piscinas disponibles en la capital alemana.
«La mitad de las piscinas cubiertas y al aire libre están cerradas, así que pensamos que estábamos ayudando al alcalde Kai Wegner», explicó Lilienthal.
La contradicción entre el discurso inicial y la jornada del 14 de agosto está en el centro de las críticas. El recinto fue promocionado como una «invitación de verano» abierta a la comunidad, gratuita y sin necesidad de controles de identidad.
Sin embargo, durante seis horas el criterio de acceso será precisamente la pertenencia a una determinada comunidad racial. Los defensores de la medida argumentan que este tipo de jornadas permiten establecer «espacios seguros» para personas que aseguran sufrir racismo estructural.
Sus críticos sostienen, en cambio, que combatir la discriminación mediante la exclusión de personas según su color de piel supone reproducir exactamente el principio que se pretende combatir. Y el debate adquiere una dimensión adicional al producirse en una instalación sostenida por recursos públicos.