El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha reconocido las dificultades de Brasil para ajustarse a las normas sanitarias europeas después de que la Unión Europea decidiera bloquear desde septiembre la importación de buena parte de sus productos de origen animal.
La medida afectará a la carne de vacuno, el pollo, los huevos, los animales vivos y otras mercancías procedentes de la ganadería brasileña, uno de los mayores sectores exportadores del país. El veto entrará en vigor el próximo 3 de septiembre, apenas cuatro meses después de la aplicación provisional del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, según informa El Debate.
Celso Amorim, principal asesor internacional de Lula, ha criticado la decisión de Bruselas y ha reconocido abiertamente la distancia existente entre los sistemas productivos de ambas partes. «La Unión Europea crea un estándar que todos deben seguir. Eso no es posible», afirmó.
Sus palabras confirman una de las principales advertencias formuladas durante años por agricultores y ganaderos europeos: los productos importados desde Mercosur no siempre se elaboran bajo las mismas condiciones sanitarias, ambientales y laborales exigidas a los productores comunitarios.
Antimicrobianos para acelerar el crecimiento
La Comisión Europea justificó la exclusión de Brasil de la lista de países autorizados por la falta de garantías suficientes sobre el uso de determinadas sustancias antimicrobianas en animales destinados al consumo. La normativa comunitaria prohíbe emplear antibióticos para estimular el crecimiento o mejorar artificialmente el rendimiento del ganado.
También restringe la utilización en animales de antimicrobianos reservados para tratar infecciones graves en seres humanos. Estas limitaciones buscan frenar la resistencia bacteriana, considerada por las autoridades europeas como una de las mayores amenazas para la salud pública.
El uso excesivo de antibióticos en la producción animal puede favorecer la aparición de bacterias resistentes y reducir la eficacia de los tratamientos médicos. Para recuperar el acceso al mercado europeo, Brasil deberá demostrar que los animales de los que proceden sus productos cumplen las reglas comunitarias durante toda su vida, y no únicamente en las últimas fases de producción.
Mercosur confirma los temores del campo europeo
La decisión llega después de años de protestas del sector primario europeo contra el acuerdo con Mercosur. Los agricultores y ganaderos denunciaron que Bruselas pretendía obligarlos a competir con productos procedentes de países donde los costes son menores y las exigencias regulatorias no son equivalentes. El reconocimiento de Amorim refuerza esa crítica.
Mientras los productores europeos deben asumir restricciones sobre medicamentos, bienestar animal, trazabilidad, emisiones y uso de fitosanitarios, Brasil considera «imposible» someter toda su cadena productiva a los mismos controles.
La contradicción es evidente: Bruselas impulsa un acuerdo para multiplicar las importaciones desde Mercosur y, apenas unos días después, reconoce que su principal socio no puede acreditar el cumplimiento de las normas sanitarias europeas. El veto afecta precisamente a uno de los sectores más sensibles para el campo comunitario.
Un negocio de más de 1.500 millones
Las exportaciones brasileñas de productos de origen animal a la Unión Europea rondan los 1.800 millones de dólares anuales, unos 1.550 millones de euros. Brasil es uno de los mayores exportadores mundiales de proteína animal y mantiene una poderosa industria cárnica orientada a los mercados internacionales.
La suspensión supone por tanto un golpe considerable para sus productores y exportadores. El Gobierno brasileño ha anunciado que adoptará «todas las medidas necesarias» para revertir la decisión y evitar la interrupción de los envíos.
También ha solicitado explicaciones a las autoridades europeas y denuncia que la medida tiene un carácter proteccionista. Amorim acusó a la Unión Europea de actuar de forma unilateral y sostuvo que «no tiene sentido ser multilateral para unas cosas y unilateral para otras».
Brasil acusa a Bruselas de proteccionismo
El asesor de Lula considera que la decisión contradice el espíritu del comercio internacional y del propio acuerdo con Mercosur. «Defendemos un comercio diversificado y amplio, pero no podemos olvidar que el proteccionismo siempre está al acecho», afirmó.
Sin embargo, la Comisión Europea sostiene que no se trata de una sanción política ni comercial, sino de una exigencia sanitaria aplicable a todos los países que quieran vender estos productos dentro del mercado comunitario. Las exportaciones podrán reanudarse cuando Brasil aporte pruebas suficientes de que cumple las normas sobre antimicrobianos. Hasta entonces, el país quedará fuera de la lista de proveedores autorizados.