
La capital belga, sede de las principales instituciones de la Unión Europea, se ha convertido en un epicentro de violencia y criminalidad. Según los últimos datos de Eurostat, Bruselas registró en 2023 una tasa de 3,19 homicidios por cada 100.000 habitantes, la segunda más alta de toda la UE, sólo por detrás de Letonia (4,2), país comparable con la capital belga por motivos estadísticos.
En el conjunto del país, la tasa fue de 1,38 homicidios, lo que coloca a Bélgica en el tercer lugar de la clasificación comunitaria, únicamente superada por Letonia y Lituania. La estadística de homicidios intencionales de Eurostat incluye asesinatos, atentados terroristas, ejecuciones extrajudiciales o muertes a manos de fuerzas de seguridad.
El panorama se agrava con los datos de este año. El fiscal jefe de Bruselas, Julien Moinil, advirtió que 2025 se perfilaba como un año récord en violencia armada. Hasta ahora se han registrado 57 tiroteos, de los cuales 20 sólo desde el inicio del verano.
En todo 2024 hubo 92 incidentes con armas de fuego que dejaron 9 muertos y 48 heridos. La cifra de este verano ya supera las primeras seis semanas de 2025, cuando dos personas murieron y cuatro resultaron heridas en 11 tiroteos. El fiscal detalló que este año se han imputado 6.211 adultos y 874 menores, el triple que en el mismo periodo de 2024. Entre ellos figuran 1.250 presuntos narcotraficantes.
Moinil reconoció que los problemas son estructurales y denunció la falta de recursos en la policía judicial federal. También pidió acelerar las deportaciones de extranjeros condenados sin residencia legal, muchos de ellos vinculados al crimen organizado.
En los últimos años, bandas rivales de origen norteafricano han tomado el control de barrios enteros de Bruselas. A sólo 55 kilómetros, el puerto de Amberes se ha consolidado como el gran centro europeo de entrada de cocaína, escenario de ataques con granadas ligados al narcotráfico.
Los vecinos hablan de barrios sin ley. Casi uno de cada cinco residentes de Bruselas se siente inseguro en su propio vecindario, el doble de la media nacional. El dato supone un aumento de tres puntos desde 2021.
El ministro del Interior, Bernard Quintin, admitió que la delincuencia en la capital es un «problema sistémico que requiere una respuesta sistémica«.
Pero para muchos ciudadanos, la realidad es evidente: la capital de Europa se ha convertido en una de las ciudades más violentas del continente, símbolo del fracaso multicultural y de las políticas de seguridad laxas que durante años han permitido que el crimen se imponga sobre la ley.