La Unión Europea prepara la firma de un amplio acuerdo comercial y de cooperación con México que busca aumentar un 50% las exportaciones mexicanas al mercado europeo de aquí a 2030, según ha señalado el Gobierno mexicano. El pacto se enmarca en la ofensiva de Bruselas por ampliar su red de socios exteriores, reforzar su presencia económica en Hispanoamérica y garantizar el acceso a materias primas críticas.
El Consejo de la Unión Europea, que representa a los Veintisiete, autorizó el pasado 11 de mayo la firma del Acuerdo Global Modernizado UE-México y de un Acuerdo Comercial Interino. Ambos textos serán rubricados previsiblemente durante la primera cumbre entre la Unión Europea y México en once años, prevista para el 22 de mayo de 2026 en Ciudad de México.
Al encuentro está previsto que asistan la presidente mexicana, Claudia Sheinbaum; la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; y el presidente del Consejo Europeo, António Costa. La firma permitirá sustituir el marco que regula las relaciones entre Bruselas y México desde el año 2000.
Las negociaciones para modernizar el acuerdo comenzaron en 2016 y concluyeron el 17 de enero de 2025. Ahora, la UE y México buscan cerrar un pacto que va mucho más allá del comercio tradicional y que incluye cooperación en seguridad, clima, inversión y materias primas críticas.
El Acuerdo Global Modernizado ampliará la relación política y económica entre ambas partes, mientras que el Acuerdo Comercial Interino permitirá adelantar parte de sus efectos antes de la ratificación completa. Este segundo texto será firmado por el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, y por el secretario de Economía mexicano, Marcelo Ebrard, y entrará en vigor de forma inmediata para liberalizar el comercio entre ambas partes.
El acuerdo global, sin embargo, todavía necesitará el consentimiento del Parlamento Europeo y la ratificación de todos los Estados miembros de la UE y de México antes de entrar plenamente en vigor.
Bruselas presenta el pacto como una oportunidad para las empresas europeas. Según la Comisión Europea, los acuerdos beneficiarán a más de 45.000 compañías de la UE que exportan a México, la mayoría de ellas pequeñas y medianas empresas. Además, el texto protegerá 568 productos europeos de alimentación y bebidas con indicación geográfica, lo que hará ilegal vender imitaciones en el mercado mexicano.
El comercio bilateral entre la Unión Europea y México alcanzó alrededor de 86.800 millones de euros en 2025, tras un fuerte crecimiento durante la última década. Actualmente, la UE es el tercer mayor socio comercial de México, mientras que México es el segundo mayor socio comercial de Bruselas en Hispanoamérica.
Uno de los puntos estratégicos del acuerdo es el acceso sin aranceles a materias primas críticas. México suministra cerca del 33% de la fluorita que importa la Unión Europea, un mineral utilizado en la producción de acero y aluminio. El país también cuenta con reservas de antimonio, cobre, zinc y plomo, recursos cada vez más relevantes en la competición industrial global.
El calendario elegido tampoco es casual. Tanto Bruselas como México han acelerado el cierre del acuerdo en un contexto de creciente tensión comercial internacional. México busca diversificar sus mercados y reducir su dependencia de Estados Unidos, destino principal de sus exportaciones. La Unión Europea, por su parte, intenta ampliar su red de socios estratégicos en un momento de reordenación del comercio mundial.
El Gobierno mexicano ha subrayado que el acuerdo busca disparar en un 50% sus exportaciones a la Unión Europea para 2030. Para Bruselas, el pacto supone reforzar su presencia económica en una región clave de Hispanoamérica, asegurar recursos industriales estratégicos y abrir nuevos espacios de influencia comercial.
La operación se suma a la política de grandes acuerdos impulsada por la UE en los últimos años, en paralelo a las negociaciones y pactos con otros bloques y países como Mercosur o Australia. Una estrategia que Bruselas presenta como apertura comercial y diversificación, pero que también implica nuevas concesiones, mayor competencia exterior y una creciente proyección de la agenda regulatoria europea fuera de sus fronteras.