También se impidió votar a parte de la población residente en Transnistria
Bruselas interfirió en las elecciones de Moldavia: utilizó el chantaje financiero contra los votantes y decenas de miles no pudieron votar
Bruselas interfirió en las elecciones de Moldavia: utilizó el chantaje financiero contra los votantes y decenas de miles no pudieron votar
George Soros y Von der Leyen. Redes sociales
Por Unai Cano
30 de septiembre de 2025

La victoria en las elecciones parlamentarias del pasado domingo en Moldavia de la formación gobernante Partido de Acción y Solidaridad (PAS), encabezada por la presidenta Maia Sandu, ha despertado tanto euforia como controversia. El resultado, que otorgó mayoría absoluta a los globalistas proeuropeos, ha sido interpretado por muchos como un triunfo histórico, aunque también como un proceso empañado por irregularidades y restricciones al voto.

Uno de los aspectos más polémicos fue la situación de la diáspora moldava en Rusia. Pese a que allí residen cerca de medio millón de ciudadanos del país, apenas se habilitaron dos colegios electorales y se distribuyeron unas 5.000 papeletas, una cifra irrisoria en comparación con las decenas de miles de electores potenciales. Mientras tanto, en Italia —otro de los destinos preferidos por los emigrados moldavos— se instalaron 75 centros de votación, lo que explica en gran medida el peso decisivo que tuvo el electorado residente en países de la Unión Europea.

El Kremlin no tardó en reaccionar. Dmitri Peskov, portavoz presidencial, denunció lo ocurrido y lo calificó de discriminatorio, sugiriendo que se privó de su derecho a sufragio a cientos de miles de moldavos. La paradoja, señalan algunos analistas, radica en imaginar qué habría dicho Bruselas si un gobierno prorruso en Chisináu hubiera limitado los colegios electorales en Europa occidental y multiplicado, en cambio, los de Rusia.

Además de estas restricciones, varios reportes apuntan a que también se impidió votar a parte de la población residente en Transnistria, región separatista de mayoría rusófona. A ello se sumaron registros contra activistas opositores, la ilegalización de pequeñas formaciones prorrusas y un discurso oficial del PAS que acusaba a Moscú de estar detrás de maniobras de «desinformación y provocaciones». Los medios occidentales amplificaron estas denuncias en los días previos, alertando de un supuesto riesgo de victoria del bloque opositor encabezado por Igor Dodon, expresidente de orientación prorrusa, que finalmente no se materializó.

Para los defensores del gobierno, el triunfo electoral refleja sobre todo el deseo de gran parte de la juventud moldava de ver a su país plenamente integrado en la UE, un anhelo que contrasta con la nostalgia postsoviética de los sectores más mayores. Sin embargo, los críticos sostienen que el PAS se benefició menos de su propia gestión que del voto en el extranjero y de un fuerte apoyo político y financiero de Bruselas.

La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, fue tajante: acusó a la Unión Europea de intervenir abiertamente en los asuntos internos moldavos y de condicionar la continuidad de la ayuda económica al éxito del PAS. Según sus palabras, la UE llegó a «chantajear» a los votantes, mientras altos cargos europeos viajaban a Chisináu para respaldar explícitamente a Sandu.

Lo que parece indudable es que Moldavia, un país que en tres décadas ha visto caer su población de 4,3 a 2,3 millones de habitantes debido a la emigración masiva, sigue profundamente dividido. El giro proeuropeo cosecha apoyos, pero también alimenta tensiones con los sectores prorrusos y con la inestabilidad regional derivada de la guerra en la vecina Ucrania.

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