«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
la ce da por hecho que los precios seguirán tensionados durante meses

Bruselas plantea teletrabajo y límites de velocidad para recortar el consumo energético ante la crisis

Ursula von der Leyen. Europa Press

La Comisión Europea ha instado a los Estados miembro a aplicar medidas directas sobre el consumo energético —con especial foco en el teletrabajo, la movilidad y el uso del coche— ante un escenario de crisis prolongada derivado del conflicto en Oriente Próximo. Bruselas da por hecho que no habrá una vuelta a la normalidad a corto plazo y que los precios seguirán tensionados durante meses.

El comisario de Energía, Dan Jorgensen, advirtió tras la reunión de ministros que incluso con un eventual alto el fuego «seguiría habiendo consecuencias» por el deterioro de infraestructuras energéticas en la región. «No debemos engañarnos pensando que las consecuencias de esta crisis serán de corta duración«, afirmó.

El impacto ya es visible. Desde el inicio del conflicto, el gas ha subido alrededor de un 70% y el petróleo un 60%, lo que ha incrementado en unos 14.000 millones de euros la factura energética de la UE en apenas un mes. Aunque Bruselas sostiene que el suministro sigue «relativamente protegido», reconoce tensiones en mercados clave como el diésel, el combustible de aviación y el gas, con efecto directo sobre la electricidad.

Teletrabajo, restricciones al coche y cambios en la movilidad

Ante este escenario, la Comisión pone el foco en medidas que afectan directamente al día a día de los ciudadanos. Bruselas plantea fomentar el teletrabajo como herramienta para reducir el consumo de combustibles, junto a la bajada de los límites de velocidad en carretera y el refuerzo del transporte público.

El plan, inspirado en las recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía, incluye también la limitación del uso del coche privado en grandes ciudades, el fomento del coche compartido y la extensión de prácticas de conducción eficiente, tanto en el transporte particular como en el de mercancías.

Estas propuestas suponen, en la práctica, un intento de trasladar el ajuste energético al comportamiento cotidiano de los ciudadanos, en un momento en el que los costes energéticos siguen escalando y presionando a familias y empresas.

En paralelo, la Comisión Europea trabaja en un nuevo paquete de medidas que incluirá ayudas estatales, ajustes fiscales —como la posible reducción de impuestos sobre la electricidad— y mecanismos para contener el impacto de los precios.

El Ejecutivo comunitario también quiere avanzar en herramientas como los contratos por diferencia o los acuerdos de compra de energía para desacoplar el precio de la electricidad del gas, una de las principales fuentes de encarecimiento.

Además, Bruselas ya coordina el llenado de reservas de gas y refuerza la seguridad del suministro de petróleo para anticiparse a posibles interrupciones en los próximos meses.

Dependencia energética y vulnerabilidad estructural

El trasfondo político de estas medidas apunta a un problema estructural que la propia Comisión reconoce: la dependencia de la UE de los combustibles fósiles importados. Jorgensen admitió que esta crisis vuelve a evidenciar la «vulnerabilidad» del bloque ante choques externos.

La respuesta que plantea Bruselas combina intervención económica y cambios en los hábitos de consumo. Entre ellos, el teletrabajo se perfila como una de las herramientas clave para reducir la demanda energética sin afectar directamente a la actividad productiva, aunque abre un nuevo frente político sobre el alcance de las medidas que los gobiernos estarán dispuestos a imponer en la vida cotidiana.

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