
Un tribunal alemán ha condenado a cadena perpetua a un refugiado afgano por el atropello múltiple perpetrado el año pasado en Múnich, en el que murieron una niña de dos años y su madre. El condenado, identificado como Farhad N., tiene 25 años y era solicitante de asilo.
El tribunal lo declaró culpable de dos cargos de asesinato, 23 intentos de asesinato y 22 delitos de lesiones, 19 de ellos graves. La sentencia aprecia además una «gravedad particular» en los hechos, una calificación que reduce de forma considerable sus posibilidades de salir en libertad en el futuro.
El ataque se produjo en febrero del año pasado, en los días previos a la Conferencia de Seguridad de Múnich, uno de los principales encuentros internacionales sobre política exterior y defensa. Farhad N., que tenía 24 años en el momento de los hechos, embistió con un Mini Cooper una marcha sindical en la que participaban unas 1.400 personas.
Entre las víctimas mortales se encontraban una mujer de 37 años y su hija de dos años, que fallecieron días después. Decenas de personas resultaron heridas en el atropello.
El caso fue uno de los varios ataques perpetrados por extranjeros en Alemania durante el periodo previo a las elecciones generales del año pasado. Aquellos episodios reabrieron con fuerza el debate sobre inmigración, seguridad interior, asilo y capacidad del Estado para detectar amenazas antes de que se traduzcan en violencia en las calles.
La condena de Farhad N. llega en un contexto de creciente presión política sobre las autoridades alemanas, acusadas por amplios sectores sociales de haber subestimado durante años las consecuencias de una política migratoria laxa y de un sistema de asilo incapaz de filtrar adecuadamente riesgos.
El atropello múltiple de Múnich se convirtió en otro símbolo del deterioro de la seguridad en Alemania. No se trató de un caso aislado en el debate público alemán, sino de un episodio más dentro de una secuencia de ataques que han alimentado la desconfianza ciudadana hacia el modelo migratorio impulsado por los grandes partidos.
La presencia de un solicitante de asilo afgano como autor de un crimen de esta gravedad agravó la discusión sobre la política de acogida y sobre los mecanismos de control aplicados a quienes llegan al país.