
Francia atraviesa una crisis política de profundidad histórica cuyo epicentro es la presidencia de Emmanuel Macron. Así lo refleja un reciente sondeo citado por el semanario Do Rzeczy, que muestra un colapso generalizado de la confianza en el Gobierno y un pesimismo casi absoluto de los franceses sobre el futuro del país.
El respaldo al presidente francés ha caído hasta el 25%, el nivel más bajo de todo su mandato. Un 58% de los ciudadanos exige su dimisión inmediata, sin esperar al final oficial de su mandato en mayo de 2027. Sólo un 35% cree que Macron es capaz de evitar que Francia sea arrastrada a un conflicto bélico, mientras que un 39% percibe un riesgo muy serio de guerra.
El diagnóstico social es demoledor. El 90% de los franceses considera que Francia está en decadencia, y un 32% cree que ese declive ya es irreversible. Apenas un 10% piensa que el país no está colapsando.
Este clima se traduce en una ira abierta contra el sistema: el 96% de los encuestados declara sentirse enfadado con la situación nacional y un 59% de los franceses justifica acciones que podrían conducir a una parálisis total del Estado. Además, un 43% reclama la disolución inmediata de la Asamblea Nacional, una señal clara de ruptura entre la ciudadanía y las instituciones.
A la crisis política se suma una crisis financiera de gran envergadura. La deuda pública francesa supera ya los 3,5 billones de euros, el 117% del PIB, situando a Francia entre los países más endeudados de la Unión Europea, sólo por detrás de Grecia e Italia. Para 2026, el Gobierno prevé endeudarse en un récord de 310.000 millones de euros, con un crecimiento económico estimado de apenas el 0,9%.
Los mercados han reaccionado con desconfianza: la prima de riesgo francesa se ha deteriorado hasta el punto de que los bonos franceses ya ofrecen mayores rendimientos que los de España, Italia y Grecia, un hecho impensable hace apenas unos años.
La desafección hacia la clase dirigente es prácticamente absoluta. Sólo el 10% de los franceses confía en los partidos políticos y apenas un 20% en sus diputados. En contraste, el 82% confía en las pequeñas empresas y el 47% en las grandes, reflejando un rechazo frontal a la élite política. La Unión Europea apenas conserva la confianza del 40% de la población.
El sondeo también revela un endurecimiento del sentir popular. Un 85% reclama la aparición de un «líder auténtico», mientras que un 34% considera que sistemas políticos distintos de la democracia podrían ser igual de válidos. Además, el 52% apoya la reinstauración de la pena de muerte.
El malestar identitario es igualmente profundo: un 63% de los franceses no se siente en casa en su propio país y un 65% cree que hay demasiados extranjeros en Francia, una percepción que conecta directamente con el fracaso del modelo multicultural promovido por el macronismo y Bruselas.