
La inseguridad ha calado hondo en las calles de los Países Bajos, especialmente entre las mujeres. Un 45% de las jóvenes de entre 15 y 25 años admite que evita regularmente ciertas zonas de su propio barrio por miedo a ser víctima de un delito. Es más del doble que los hombres de la misma edad, que apenas alcanzan el 21,5%.
El fenómeno no es exclusivo de las más jóvenes. Entre las mujeres de 25 a 65 años, aproximadamente un tercio también reconoce dar rodeos o cambiar de trayecto para no pasar por lugares que perciben como peligrosos, frente a sólo un 19% de hombres en la misma franja de edad.
El miedo a ser agredidas condiciona la vida cotidiana de las mujeres incluso dentro de casa. El 70% de las mayores de 65 años evita abrir la puerta por la noche. Entre las mujeres más jóvenes la cifra también es alta, oscilando entre el 55% y el 63%, mientras que sólo un tercio de los hombres muestra el mismo nivel de precaución.
Las cifras confirman un patrón estructural: las mujeres, independientemente de la edad o de si viven solas o en pareja, sienten una preocupación mucho mayor por su seguridad que los hombres.
Aunque las personas que viven solas tienden en general a ser más cautelosas que quienes conviven en pareja, el miedo y las restricciones autoimpuestas son notablemente más acusados entre las mujeres, que han aprendido a convivir con un clima de inseguridad en sus propios barrios.
En un contexto europeo en el que aumenta la preocupación ciudadana por la delincuencia, los datos neerlandeses ponen de relieve hasta qué punto la inseguridad limita la libertad de las mujeres en espacios públicos y privados, sin que las autoridades logren revertir la tendencia.