ya aprobó la eliminación de la carne roja en comedores de colegios públicos
Delirio ideológico en Copenhague: el Ayuntamiento izquierdista restringe la carne en las residencias de mayores por el «cambio climático»
Delirio ideológico en Copenhague: el Ayuntamiento izquierdista restringe la carne en las residencias de mayores por el «cambio climático»
Escaparate de una carnicería, Europa Press
Por Pedro Fernández Barbadillo
3 de noviembre de 2026

Un anciano ingresado en una residencia solicita un menú especial porque en unos días celebrará su cumpleaños. La respuesta de la dirección es que le desean muchas felicidades, pero que es imposible cumplir su petición porque ha superado los 500 gramos semanales de carne recomendados, o sea, autorizados, y no quieren quejas a la oficina del concejal por parte de otros residentes. A cambio, le ofrecen una sopa de verduras o una ensalada de arenque y una tarta con velitas.

Esta escena es realidad en las residencias propiedad del Ayuntamiento de Copenhague. La directriz climática y alimentaria de Copenhague (Mad- og Måltidsstrategi) anima a las cocinas públicas a servir más alimentos de origen vegetal, ingredientes ecológicos y «opciones sostenibles».

El documento recomienda específicamente servir a los residentes de centros de atención a personas mayores unos 500 gramos de carne cocinada a la semana, junto con pescado, lácteos y legumbres, para «garantizar una nutrición adecuada y un aporte proteico suficiente» a los residentes más vulnerables.

¿Y qué ocurre si un anciano insiste en que se le antoja comer un filete de vaca o de cerdo para su cumpleaños? En teoría, se le servirá, aunque con miradas duras y quejas murmuradas, porque está contribuyendo a alejar a la UE de sus objetivos de reducir las emisiones de carbono.

Dentro de poco, la carne se suprimirá y de nada les servirá a los mayores decir «he cotizado más de cuarenta años a la Seguridad Social». Como les ha ocurrido a quienes compraron un coche eléctrico para no pagar impuestos. De pronto, varios gobiernos y ayuntamientos europeos han decidido gravar esos vehículos, ya de por sí caros. El gasto público no se paga solo.

El Ayuntamiento de la capital del reino de Dinamarca, gobernado por las izquierdas rojas y verdes en distintos grados de tonalidad, comenzó hace tiempo con las prohibiciones, pero a poquitos. Así, aprobó la eliminación de la carne roja (ternera, buey y cordero) en las cantinas y comedores de colegios públicos y guarderías a partir de 2024. Todavía están permitidos aves de corral (como pollo o pavo), pescado, lácteos y un incremento sustancial de proteínas vegetales (legumbres, cereales).

La justificación es la misma que estamos soportando los europeos para que los políticos y los funcionarios se carguen la industria, derriban centrales nucleares y térmicas y cierren los centros de las ciudades: reducir la huella de carbono.

Por el contrario, algunos se resisten a la estupidez dominante. El Ayuntamiento de Randers aprobó en 2016 una norma que obliga a que la carne de cerdo forme parte del menú municipal en guarderías para preservar las tradiciones culturales.

En varios países europeos con creciente número de población musulmana y de fanáticos climáticos las restricciones a los alimentos son cada vez mayores.

En Berlín y Friburgo se ha establecido un modelo completamente vegetariano en los colegios, que al menos por ahora es voluntario. El menú diario es vegetariano y los estudiantes o los padres pueden solicitan platos de carne. Basándose en peculiares investigaciones científicas, hay guarderías y colegios públicos donde se ofrecen exclusivamente menús vegetarianos o veganos.

Con la excusa de luchar contra el «cambio climático», la Agencia Nacional de Alimentación de Suecia promueve una dieta sostenible, por lo que casi todos los ayuntamientos incluyen entre uno o dos días vegetarianos por semana en las escuelas y las residencias, aunque algunos municipios rurales o gestionados por conservadores se oponen a las jornadas vegetarianas obligatorias

Los ayuntamientos de ciudades de los Países Bajos como Haarlem, Ámsterdam, Utrecht y La Haya no han prohibido la carne en los comedores públicos ni su consumo, sino la publicidad de productos cárnicos e industrias contaminantes en espacios públicos. Las distopías sobre un futuro en el que los humanos comen lo que se les antoja a los poderosos parecen acercarse.

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