
Un ciudadano iraquí de 52 años ha sido detenido en Suecia en virtud de una orden europea emitida por las autoridades italianas, acusado de golpear, encerrar y amenazar de muerte a su hija después de que la joven se negara a aceptar un matrimonio concertado por su familia.
La investigación fue abierta por la Policía de Taranto, en el sur de Italia, tras la denuncia presentada por la víctima el pasado noviembre. Según el relato recogido por los investigadores, el padre exigía a su hija casarse con un hombre kurdo elegido por él y la amenazó con matarla si se resistía o intentaba escapar al extranjero.
La joven había viajado desde Irak para reunirse con su familia en Taranto, pero pronto habría quedado atrapada en un entorno de presión familiar destinado a forzar su obediencia. De acuerdo con la investigación, varios familiares se alinearon con el padre al considerar que la joven quería llevar una vida demasiado «occidental» e incompatible con las expectativas culturales del clan.
Cuando se negó a someterse al matrimonio impuesto, el hombre la habría retenido en un apartamento de la ciudad italiana y sometido a agresiones que le provocaron lesiones con un periodo estimado de recuperación de 15 días.
Los investigadores sostienen además que la presión fue tan intensa que la joven se vio obligada a abandonar su trabajo y quedó aislada por miedo a sufrir nuevas represalias.
La víctima prestó declaración bajo medidas de protección y fue trasladada posteriormente a un centro seguro, donde permanece. Durante la investigación, las autoridades italianas descubrieron que el padre había abandonado Italia y se encontraba en Suecia, donde fue finalmente arrestado gracias a la orden europea dictada por un juez de Taranto.
El caso se suma a una cadena de episodios en Europa vinculados a matrimonios forzados en familias inmigrantes, en los que jóvenes mujeres son sometidas a amenazas, violencia, aislamiento o traslados al país de origen para imponerles una unión decidida por sus familiares.
En Italia, el año pasado, una pareja bangladesí residente en Rímini fue puesta bajo arresto domiciliario acusada de obligar a su hija a casarse en Bangladesh con un hombre mucho mayor que ella. La joven habría sido engañada para viajar al país asiático, donde le confiscaron los documentos, fue forzada a contraer matrimonio y, según la investigación, recibió medicamentos destinados a favorecer un embarazo.
Alemania también ha alertado sobre esta realidad. Las autoridades de Berlín han advertido de que las vacaciones escolares son un periodo especialmente sensible, al poder ser utilizadas para sacar a menores y jóvenes del país y obligarlos a casarse en el lugar de origen de sus familias. En distritos como Neukölln, responsables locales han reconocido que los matrimonios forzados siguen siendo una realidad para parte de la juventud.
La jurista y activista Seyran Ates ha vinculado este fenómeno al crecimiento de sociedades paralelas y estructuras patriarcales importadas, señalando que los matrimonios forzados se emplean como herramienta de control sobre la sexualidad femenina y la vida de las jóvenes.
También en Grecia, una exresponsable gubernamental relató recientemente el caso de una menor en el campamento de Moria, en Lesbos, que habría estado a punto de ser lapidada tras rechazar un matrimonio forzado pactado por su propia madre.