pese a todo, la policía descartó la motivación terrorista
El asesino de Southport que mató a tres niñas guardaba imágenes de yihadistas en su tablet
El asesino de Southport que mató a tres niñas guardaba imágenes de yihadistas en su tablet
Jihadi John.
Por Bárbara Saavedra
18 de septiembre de 2025

El atacante de Southport que asesinó a tres niñas en una clase de baile guardaba en su tablet una imagen de Jihadi John, el yihadista del Estado Islámico conocido por sus ejecuciones. Así lo ha revelado la investigación abierta en Liverpool, que también ha hallado fotografías de Adolf Hitler, escenas de esclavitud, violencia contra mujeres y propaganda de la Alemania nazi en el dispositivo de Axel Rudakubana.

En la sesión celebrada en el Liverpool Town Hall, el abogado Nicholas Moss KC explicó que estos contenidos se encontraron junto a capturas de lesiones gráficas y que, pese a la gravedad del material, la Policía concluyó que no había detrás una motivación terrorista o religiosa concreta. Una conclusión que las familias de las víctimas han cuestionado, exigiendo entender cómo se llegó a ella.

La investigación también ha sacado a la luz que Rudakubana había sido señalado años antes como un “riesgo enorme”. Un profesor que trabajó con él de manera individual cuando tenía 14 años advirtió por escrito de que podía ser “fácilmente radicalizado”. Sus temores surgieron tras descubrir que el joven publicaba en redes sociales imágenes de Muamar el Gadafi.

Aquella alerta llevó a que fuera remitido al programa Prevent, el plan del Gobierno británico contra la radicalización. Sin embargo, los tres avisos registrados en su historial quedaron sin seguimiento y el caso cayó en el olvido. La consecuencia fue fatal: en julio de 2024, Rudakubana atacó a cuchilladas un campamento infantil inspirado en Taylor Swift, asesinando a Bebe King (6 años), Elsie Dot Stancombe (7) y Alice da Silva Aguiar (9), e hiriendo a otras ocho personas, entre ellas la instructora de baile Leanne Lucas y el empresario John Hayes, que trató de detenerle.

Los detalles expuestos en la audiencia subrayan la planificación y la peligrosidad del atacante. El mismo día del crimen borró el historial de algunos de sus dispositivos, aunque en otro buscó en la red social X el vídeo del apuñalamiento a un obispo en Australia. Realizó la búsqueda apenas unos minutos antes de tomar un taxi y, cuarenta minutos después, lanzó su ataque.

Condenado el pasado enero, Rudakubana recibió 13 cadenas perpetuas por tres asesinatos y diez intentos de homicidio. El juez fijó un mínimo de 52 años de prisión, lo que le impedirá optar a la libertad condicional hasta cumplir los 70. Además, se declaró culpable de haber fabricado ricina y de poseer un manual de entrenamiento de Al Qaeda, delitos recogidos en la Ley Antiterrorista.

El joven evitó la cadena perpetua sin revisión por sólo nueve días: cometió los asesinatos con 17 años y aún no había alcanzado la mayoría de edad. Desde entonces, su historial violento ha continuado: este mismo año fue acusado de atacar a un funcionario de la prisión de Belmarsh arrojándole agua hirviendo.

La investigación sigue en marcha y deberá determinar hasta qué punto fallaron los mecanismos de prevención que dejaron escapar señales evidentes antes de la masacre.

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