
El exdirector de Frontex, Fabrice Leggeri, ha revelado en una reciente entrevista que la Comisión Europea lo presionó de forma directa para abandonar la defensa de las fronteras europeas y asumir una política de puertas abiertas frente a la inmigración ilegal. Según el ahora eurodiputado de Reagrupamiento Nacional (RN) y miembro del grupo Patriotas por Europa, una comisaria de Bruselas llegó a decirle textualmente: «Su trabajo no es proteger las fronteras, sino acoger a los migrantes».
Leggeri, que dirigió la agencia europea de control fronterizo entre 2015 y 2022, explicó que los ataques contra él comenzaron tras el nombramiento de Ylva Johansson, comisaria socialista sueca responsable de Interior. «Cuando la conocí, me dijo que no necesitábamos armas ni uniformes, porque el papel del guardia fronterizo era dar la bienvenida a los migrantes. Me repitió dos veces que, me gustara o no, mi trabajo era acogerlos», denunció el exjefe de Frontex en declaraciones recogidas por Do Rzeczy.
Durante su gestión, Leggeri trató de cumplir el mandato original de Frontex: apoyar a los Estados miembros en la vigilancia de las fronteras exteriores y en la lucha contra la inmigración ilegal. Sin embargo, afirma que desde Bruselas se le impuso una agenda ideológica que vaciaba de contenido ese mandato y transformaba a Frontex en una herramienta política al servicio del globalismo migratorio.
«A partir de 2019 comenzó una presión organizada, una hostilidad abierta hacia la idea misma de gestionar las fronteras. La Comisión y ciertas ONG quería tomar el control interno de la agencia», explicó.
Leggeri señaló directamente a la Fundación Open Society de George Soros, así como a varios medios de comunicación de izquierda, por haber participado en una campaña de descrédito y manipulación institucional destinada a neutralizar a Frontex y reemplazar a su personal por «controladores de derechos fundamentales» favorables a las políticas migratorias masivas.
Según el exdirector, activistas financiados por estas organizaciones comenzaron a infiltrarse en los mecanismos de supervisión de la agencia, imponiendo interpretaciones ideológicas del derecho internacional para impedir las devoluciones y bloquear cualquier actuación de control en las fronteras. «Su objetivo era crear una cadena de mando paralela que anulara a los Estados miembros y facilitara la entrada ilegal de migrantes en Europa», afirmó.
Leggeri también relató cómo, durante la crisis migratoria de 2019, algunos de estos «asesores de derechos humanos» recomendaron transportar en autobús a los inmigrantes irregulares desde la frontera bielorrusa hasta el interior de Lituania y Polonia, debilitando así la capacidad defensiva de los Estados del Este.
Ante este panorama, el entonces director de Frontex aconsejó a Polonia no aceptar el apoyo operativo de la agencia, consciente de que las directrices impuestas desde Bruselas beneficiaban directamente a las mafias migratorias y a los intereses globalistas.
«Desde la llegada de Johansson, la Comisión Europea dejó de defender las fronteras y empezó a combatir a quienes lo hacíamos», aseguró Leggeri.
El exjefe de Frontex sostiene que su salida en 2022 fue el resultado de una campaña coordinada entre burócratas de Bruselas, medios progresistas y ONG financiadas por Soros, que buscaban desmantelar el último bastión de resistencia frente a la inmigración ilegal dentro de la Unión Europea.
Para Leggeri, el caso demuestra que la UE ha pasado de proteger sus fronteras a proteger el negocio de las ONG y las redes ideológicas que viven del desorden migratorio. «La idea de soberanía europea ha sido traicionada desde dentro», concluyó.