
BP ha decidido cerrar una etapa marcada por las promesas verdes y las pérdidas, y ha anunciado el relevo en su presidencia mientras aumenta la presión de los accionistas para que la compañía petrolera británica abandone la deriva hacia las renovables y recupere su foco en los combustibles fósiles.
El gigante energético del FTSE 100 ha confirmado que Albert Manifold, ex consejero delegado de la irlandesa CRH, asumirá la presidencia en octubre, en sustitución de Helge Lund. El cambio llega en un momento crítico para la empresa, que lidia con una montaña de deuda, un desplome bursátil y la mala reputación que dejó su fallido compromiso de 2020 para recortar un 40% su producción de petróleo y gas en favor de inversiones en energías verdes.
Lund, defensor a ultranza de esa estrategia impulsada por el entonces consejero delegado Bernard Looney —que dimitió en 2023 por no revelar relaciones con empleadas—, ha permanecido en el cargo desde abril a la espera de un sucesor, pero cada vez más cuestionado por accionistas e inversores.
BP ha admitido que la búsqueda de presidente fue complicada: directivos como Sam Laidlaw y Ken Mackenzie rechazaron el puesto, conscientes de que la compañía necesitaría dolorosas reestructuraciones o incluso ser vendida a un competidor.
Manifold, con un historial de creación de valor para los accionistas y un perfil orientado a resultados, ha sido bien recibido por la cúpula de la compañía. «Albert tiene una obsesión por el rendimiento que encaja bien con las necesidades actuales de BP«, afirmó Dame Amanda Blanc, consejera independiente. Durante su etapa en CRH, transformó la compañía en líder global, mejorando crecimiento, generación de caja y rentabilidad.
El propio Manifold calificó su nombramiento como “una oportunidad para ayudar a BP a alcanzar su máximo potencial”. Actualmente es consejero no ejecutivo de LyondellBasell Industries y Mercury Engineering.
El relevo en la presidencia coincide con semanas de especulaciones sobre una posible opa por parte de Shell —ya desmentida—, un agresivo plan de desinversiones de 20.000 millones de dólares hasta 2027 y el malestar de los accionistas con la deriva ideológica adoptada bajo Lund y Looney. Sólo este mes, BP ha anunciado la venta de sus 300 gasolineras en Países Bajos, toda su división eólica en EE.UU. y está ultimando la venta de su red minorista en Austria.
Las dudas sobre el rumbo estratégico se intensificaron cuando, en el “capital markets day” de febrero, la dirección tuvo que rectificar el plan climático y anunciar un “reset” que incluía abandonar inversiones verdes y vender activos renovables. Aun así, Lund intentó matizar que “no era un cambio de dirección”, dejando desconfiados a los inversores.
BP, estancada en bolsa desde hace más de dos décadas mientras sus competidores apostaban por el petróleo, vuelve a la senda de la realidad. El nombramiento de Manifold se interpreta como la confirmación de que la petrolera empieza a asumirlo.