Tras años aplicando restricciones verdes
El Gobierno alemán plantea ahora una supuesta revisión de la «transición energética» ante la ruina de la industria y el subidón de AfD
El Gobierno alemán plantea ahora una supuesta revisión de la «transición energética» ante la ruina de la industria y el subidón de AfD
Energía nuclear alemana. Redes sociales
Por Unai Cano
21 de noviembre de 2025

Alemania plantea decir adiós a la farsa del «cambio climático» y dejar a la España de Pedro Sánchez sola ante el suicidio energético e industrial que Bruselas sigue impulsando sin freno.

El país que durante años presumió de liderazgo ecológico bajo Angela Merkel atraviesa ahora un momento de repliegue: dos ejercicios consecutivos de recesión, un tercero prácticamente estancado y una industria golpeada por el precio de la energía han provocado un supuesto giro en las prioridades del Ejecutivo alemán.

El canciller, Friedrich Merz, apenas medio año en el cargo, ya en otoño afirmó ante el Bundestag que ninguna estrategia verde que ponga en riesgo la base industrial o el nivel de vida será aceptada por la ciudadanía. Y recordaba además que Alemania sólo genera en torno al 2% de los gases contaminantes globales, por lo que —según él— incluso una neutralidad climática inmediata no evitaría catástrofes naturales en el planeta.

La ministra conservadora de Energía y Economía, Katherina Reiche, ha reforzado ese giro con medidas contundentes: ampliación del número de centrales de gas como respaldo del sistema, revisión completa de la transición energética y un examen de viabilidad económica para evitar que el país siga cargando con costes desorbitados.

Este cambio de rumbo ha provocado un terremoto político. Para dirigentes ecologistas como Felix Banaszak, de Los Verdes, Merz está desmantelando la política climática «siempre que tiene ocasión». Le acusa de haber acudido a Belém (Brasil), en la reunión previa a la COP30, «sin ninguna propuesta seria», y de bloquear en Bruselas los objetivos intermedios de emisiones para 2040. A su juicio, si Alemania baja el ritmo, el resto de Europa lo hará también, y el proyecto climático europeo se desmoronará.

Mientras tanto, sectores estratégicos como la automoción presionan para flexibilizar la futura prohibición de motores de combustión en la UE. La industria alemana, en pleno declive competitivo, teme que mantener el calendario actual suponga un golpe difícilmente reversible. Los ecologistas advierten de que Berlín ha pasado de ser el motor de la agenda climática comunitaria a erigirse en su mayor freno.

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