
El plan «uno entra, uno sale», presentado como la principal medida migratoria del Partido Laborista británico, no ha producido hasta la fecha ninguna deportación. El programa, acordado entre el primer ministro Keir Starmer y el presidente francés, Emmanuel Macron, establecía que por cada inmigrante que cruzara el Canal de la Mancha en una embarcación, el Reino Unido enviaría a Francia a otro retenido en su territorio con un vínculo demostrable con el país.
A principios de agosto, el primer grupo de detenidos fue preparado para su devolución en un plazo de tres días. Posteriormente, se programó la primera deportación colectiva hacia el continente. Sin embargo, en lugar de vuelos fletados, el Gobierno optó por reservar asientos individuales en aviones de Air France, lo que generó dudas sobre la eficacia del procedimiento.
El pasado 15 de septiembre, la ministra de Habilidades, Jacqui Smith, evitó ofrecer cifras concretas sobre los vuelos previstos en el marco del plan. La información posterior confirmó que el número de deportados sigue siendo cero.
Las apelaciones legales interpuestas por un pequeño grupo de inmigrantes previstos para el traslado bloquearon la operación. Como consecuencia, ninguno de los detenidos abandonó el Reino Unido, y los únicos en ocupar el trayecto de regreso fueron los asientos vacíos reservados en los vuelos.
A día de hoy, el balance del plan es claro: cientos de entradas por mar, ninguna salida hacia Francia.