
Italia está dispuesta a actuar por su cuenta en el mar Rojo y desplegar medios navales para proteger a sus buques mercantes, sin esperar a que la misión europea Aspides decida cuándo y cómo garantizar nuevamente el paso por el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb.
El ministro italiano de Defensa, Guido Crosetto, ha anunciado que Roma trabaja en una actuación nacional ante el deterioro de la seguridad marítima en la zona y ha señalado directamente a la lentitud de los mecanismos comunitarios. «Hemos decidido, junto al jefe del Estado Mayor, no esperar a que Aspides decida si los barcos pueden pasar o no», afirmó Crosetto durante el Foro Risorsa Mare celebrado en La Spezia.
El titular de Defensa aseguró que Italia probablemente adoptará medidas para que sus barcos puedan comenzar a atravesar Bab el-Mandeb «sin esperar a que la burocracia europea se sume a la nuestra». Para Crosetto, retrasar una respuesta militar tiene consecuencias económicas directas: «Retrasar los tiempos en casos como éste significa retrasar la economía y agravar los problemas».
Roma ya participa en Aspides, la operación naval de la Unión Europea creada en 2024 para proteger el tráfico comercial en el mar Rojo frente a los ataques de los hutíes de Yemen.
Sin embargo, el Gobierno italiano considera que la respuesta europea está siendo demasiado lenta ante el nuevo deterioro de las condiciones de seguridad. El avance de las fuerzas hutíes, respaldadas por Irán, sobre posiciones estratégicas de la costa yemení del mar Rojo ha vuelto a poner bajo presión una de las rutas comerciales más importantes del planeta.
Crosetto sostiene que Italia tiene capacidad para garantizar directamente el tránsito de sus mercantes mientras la UE decide cómo adaptar la operación Aspides.
«Cuando podemos intervenir para aliviar las crisis, intervenimos», afirmó. El ministro ha precisado, sin embargo, que todavía no se ha decidido cuántos buques militares serían desplegados y que cualquier envío adicional deberá acordarse con el conjunto del Ejecutivo y con el Parlamento italiano.
El plan que estudia el Gobierno pasa por utilizar al menos un buque de la Marina italiana para escoltar los cargueros nacionales que atraviesen Bab el-Mandeb, según las informaciones publicadas en Italia. Una de las posibilidades consiste en emplear temporalmente un navío italiano ya integrado en Aspides para ponerlo bajo mando nacional y destinarlo específicamente a proteger el tráfico italiano.
La medida sería inicialmente provisional: el buque regresaría posteriormente a la estructura europea cuando Aspides retomara plenamente sus operaciones.
«La prioridad es restablecer el tráfico marítimo, así que si enviamos barcos será para proteger a los mercantes», explicó Crosetto. El ministro insistió además en que su preocupación inmediata no se encuentra en Yibuti, sino en garantizar que los buques italianos vuelvan a utilizar con normalidad el estrecho.
La cuestión tiene una importancia estratégica especial para Roma. Alrededor del 40% del comercio exterior italiano atraviesa el canal de Suez, lo que convierte la estabilidad del mar Rojo y Bab el-Mandeb en un asunto directamente relacionado con la economía del país. El estrecho conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye la puerta sur de la ruta que permite conectar Asia con Europa a través de Suez.
Por Bab el-Mandeb circula además alrededor del 7% de la producción mundial de petróleo, por lo que cualquier interrupción prolongada puede repercutir sobre el precio de la energía, los seguros marítimos y el coste del transporte de mercancías.
Cuando las navieras evitan el mar Rojo, deben rodear África por el cabo de Buena Esperanza, una alternativa que añade miles de kilómetros a los trayectos y eleva tanto los tiempos como los costes. Crosetto ha advertido de que mantener durante demasiado tiempo estas desviaciones terminaría repercutiendo en las empresas, los consumidores y la propia estabilidad económica italiana.
Crosetto también ha reclamado al resto de socios comunitarios una mayor implicación naval. Según el ministro, Italia y Grecia son actualmente los dos países de la UE que están contribuyendo de manera más activa a garantizar la seguridad marítima en esta zona.
La asociación italiana de armadores, Assarmatori, ha respaldado la posición del Gobierno y ha defendido la necesidad de actuar con rapidez ante los riesgos para las rutas comerciales.