
Las partitocracias y los directivos de las empresas nos aseguraron que la inmigración era imprescindible para sostener el Estado de bienestar, desde las pensiones a la reducción de jornada. Y en los últimos años, mientras las naciones europeas se llenan de inmigrantes de tres continentes, los ciudadanos sufren congelación salarial, inflación, paro, aplazamiento de la edad de jubilación, servicios públicos bloqueados… El último punto en estos recortes son las bajas laborales por enfermedad.
La coalición entre el centro-derecha (CDU/CSU) y el partido socialista (SPD) aprobó en el Bundestag hace unos días una serie de medidas entre las que había un endurecimiento de los requisitos para que los trabajadores obtengan bajas por enfermedad o incapacidad temporal.
A principios de enero el Instituto IGES, con sede en Berlín, dio a conocer un informe según el cual los trabajadores alemanes se toman un promedio de 19,5 días laborables al año de baja por enfermedad, un 50% de tiempo más que en 2018, cuando esa cifra era de 13 días. En España, a pesar de la fama de vagos y pícaros que tenemos ante los alemanes, las ausencias son menores: en 2024 fueron 16 días de baja por enfermedad.
Según el paquete de reformas, a partir del próximo enero los trabajadores ya no podrán obtener un justificante médico por teléfono, sino que deberán acudir al médico en persona el primer día de enfermedad. Una medida que se espera disuada a los tramposos.
El canciller, Friedrich Merz (CDU), explicó que el elevado número de ausencias está perjudicando a la economía alemana. «Sabemos que es una decisión difícil. Pero ya no podemos permitirnos esta desventaja competitiva causada por las ausencias prolongadas del trabajo», dijo.
Como los partidos populares de la UE dependen de lo que haga y diga la CDU alemana, se trate del desmantelamiento de las fábricas de automóviles, de la reintroducción del servicio militar, o de los pactos con partidos identitarios, el PP español, que es el segundo más importante del Partido Popular Europeo, también descubrió pocos días después la importancia de las bajas laborales. Alemania no puede quedarse sola.
El pasado 9 de julio, en un foro de empresarios vascos, celebrado en la región con mayor porcentaje de absentismo laboral, el presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijoo, calificó de «cáncer» para las empresas, la Seguridad Social y la economía, el crecimiento de las bajas. Durante el primer trimestre de 2026 se perdieron 852 millones de horas de trabajo, equivalentes a 106,5 millones de jornadas laborales, según los datos del Ministerio de Seguridad Social.
El político gallego añadió que «estamos hablando de un agujero que se come cualquier posibilidad de equilibrar las cuentas». Es decir, otro enorme gasto para la Seguridad Social, que se une al déficit de las pensiones públicas, y que no se cierra por mucho que el Gobierno socialista presuma de que los cotizantes han superado los 22,4 millones.
Las bajas por incapacidad temporal, que es su denominación legal, costaron en 2025 a la Seguridad 17.165 millones de euros, pagados en prestaciones, y 16.116 millones a las empresas en salarios, cotizaciones y complementos. Respecto a 2015, el coste se ha triplicado, ya que fue de 10.146 millones.
Ante el derrumbamiento del Estado de bienestar, de la industria y de la seguridad en la UE, los gobiernos, en vez de tomar medidas como cerrar las fronteras, deportar a los delincuentes extranjeros, excluir de los subsidios a los inmigrantes sin empleo o rechazar los planes de descarbonización, prefieren exprimir a sus ciudadanos, aunque éstos cada vez se muestran menos dóciles. Por eso, suben los impuestos, establecen multas, o les culpan de que no quieran trabajar.
La pregunta es por qué está aumentando de esta manera las bajas laborales, por qué se ponen más enfermos los trabajadores ahora que antes del covid, cuando en varios países, como España, se ha reducido la jornada laboral y se conceden más días de permiso retribuido por asuntos propios o por bajas por maternidad o paternidad.
Según la Seguridad Social española, las bajas laborales son más frecuentes en las Administraciones públicas, donde los funcionarios están más sindicalizados y tienen protegido su puesto de trabajo hagan lo que hagan. Siguen los empleados por cuenta ajena en el sector privado. Por último, el grupo que menos bajas médicas pide es el formado por autónomos (camioneros, profesionales, agricultores, operarios…), que si no trabajan no ingresan, aunque los impuestos y las facturas llegan siempre puntuales.
Sin embargo, eso no explica el crecimiento, por lo que los profesionales involucrados en este sector recurren a otros factores. Uno es el envejecimiento de la fuerza de trabajo. Otro, el estancamiento salarial y el encarecimiento de la vivienda y otros bienes, que conduce al desencanto y la depresión. Y un tercero, el atasco de los servicios sanitarios, que alargan los plazos para recibir tratamiento y, por tanto, la curación de los enfermos.