El jefe operativo de la Policía de Ámsterdam, Sander van der Hulle, ha admitido que los agentes evitaron intervenir de forma contundente durante los disturbios protagonizados por aficionados marroquíes tras un partido de la selección de Marruecos porque hacer cumplir la ley ante infracciones menores habría desembocado, según sus palabras, en una «guerra».
En declaraciones al diario De Telegraaf, Van der Hulle justificó la decisión de no actuar contra determinados comportamientos incívicos durante la celebración posterior al encuentro entre Marruecos y Canadá. «Si empiezas a hacer cumplir la ley por infracciones menores, se convierte en una guerra», afirmó el mando policial.
Tras el partido, se registraron lanzamientos de fuegos artificiales, alteraciones del orden público y enfrentamientos con la Policía en varias zonas de la capital neerlandesa. Sin embargo, los agentes adoptaron una estrategia de contención y evitaron intervenir salvo en caso de disturbios graves.
Según el responsable policial, la decisión buscaba impedir una escalada mayor. «Sabemos que, en cuanto intervenimos en Ámsterdam-Oeste, podemos encontrarnos con disturbios durante toda la noche, con ventanas rotas y coches incendiados», señaló.
Van der Hulle defendió que la actuación policial permitió que la noche transcurriera sin incidentes de gran magnitud. A su juicio, se trató de una «muestra controlada de júbilo» por parte de los aficionados de la selección marroquí, sin una alteración grave del orden público.
Críticas por una presunta capitulación ante los disturbios
La explicación del jefe policial ha generado una fuerte polémica en Países Bajos. Numerosos críticos consideran que la Policía optó por ceder la calle ante grupos que protagonizaron actos de vandalismo, provocaciones y conductas peligrosas.
Según relató De Telegraaf, varios jóvenes circularon a gran velocidad por las aceras en bicicletas eléctricas y scooters, pasando cerca de familias con niños, haciendo caballitos y respondiendo a las indicaciones policiales con insultos y gestos desafiantes.
El diario neerlandés también describió la presencia de individuos encapuchados, pese a que cubrirse el rostro en esas circunstancias está prohibido en Países Bajos. La percepción de muchos vecinos fue que los jóvenes actuaron con una amplia sensación de impunidad.
La pasividad policial contrastó con lo ocurrido en otras ciudades neerlandesas, donde los agentes sí actuaron con mayor firmeza y realizaron detenciones, lo que permitió restablecer el orden con más rapidez.
Incluso en el distrito de Ámsterdam-Osdorp, cuando se desplegaron unidades antidisturbios, los grupos de jóvenes que estaban provocando altercados abandonaron la zona, según la prensa local.
Wilders denuncia una rendición del Estado
Las palabras del mando policial han sido duramente criticadas por dirigentes y comentaristas neerlandeses. El líder del Partido por la Libertad, Geert Wilders, reaccionó en la red social X con un mensaje rotundo: «Sólo los cobardes se rinden».
El periodista Wierd Duk calificó la estrategia policial de «capitulación», en una crítica compartida por quienes ven en este episodio un síntoma de la pérdida de autoridad del Estado ante grupos organizados o capaces de alterar el orden público mediante la amenaza de violencia.
Pese a la controversia, Van der Hulle insistió en que los infractores serán sancionados y aseguró que se han impuesto alrededor de 200 multas a personas que vulneraron la ley durante los incidentes.